El Absolutismo: Absolutismo significa poder soberano o de origen divino desligado de
cualquier otra instancia de poder temporal, sea el papa o el emperador. En este
sistema de gobierno el Estado y el monarca se consideraban como una única
entidad situada por encima de la ley, y el concepto de derecho divino de los
reyes era la justificación que legitimaba la pretensión de soberanía indivisible.
El absolutismo, término que procede del latín absolutus (acabado,
perfecto), fue el principal modelo de gobierno en Europa durante la época
moderna, caracterizado por la teórica concentración de todo el poder del Estado
en manos del monarca gobernante. La implantación del absolutismo representó
un cambio sustancial en la concepción sobre la dependencia de las autoridades
intermedias entre el súbdito y el Estado, situación que originó la creación de
una burocracia eficaz, un ejército permanente y una hacienda centralizada. Su
andadura política se inició en los siglos XIV y XV, alcanzó la plenitud entre los
siglos XVI y XVII, y declinó entre formas extremas e intentos reformistas a lo
largo del siglo XVIII.
Ningún monarca absoluto trató de atribuirse la exclusividad o monopolio
del poder, sino la soberanía del mismo. Poder absoluto, durante la época
moderna, fue básicamente poder incontrolado, poder no sometido a límites
jurídicos institucionalizados. Éste fue el marco y la verdadera preocupación de
las monarquías europeas que se calificaron interesadamente como absolutas,
que se esforzaron por serlo de un modo real, práctico y efectivo, y que lo
consiguieron de forma parcial y progresiva. Por tanto, el poder absoluto debe
entenderse, por una parte, como un poder soberano o superior, no exclusivo; es
decir, supuso y asumió la existencia de otros poderes: señorial, asambleas
estamentales o cortes, reinos municipios, etc., respecto a los cuales se
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consideró preeminente y, por otra parte, como un poder desvinculado de
controles o límites institucionales.
4.2. El Estado moderno.
En la actualidad, el Estado es la forma de organización política por
excelencia. El Estado se fue implantando en diferentes lugares y fue
sustituyendo otras formas de organización política. El número de Estados se ha
multiplicado especialmente después del proceso de descolonialización y debe
ser considerado como un fenómeno mundial. En este cúmulo de Estados
existen numerosas diferencias sociales, políticas, económicas y de otra
naturaleza, pero a pesar de su gran variedad, tienen un rasgo común que es la
soberanía; todos los Estados son soberanos. Tradicionalmente se ha sostenido
que es ese poder soberano el elemento peculiar del Estado y el que lo separa
de otras formas de organización política.
La necesidad de que el Estado se fuese adaptando a las diferentes
circunstancias surgidas con el paso de la historia, fue evolucionando desde
formas absolutas hasta formas liberales, para después llegar a la
democratización y por último al Estado de Bienestar.
Su aparición se produce con la modernidad europea en sincronía histórica
con el renacimiento. El nuevo Estado aspiraría a concentrar la dispersión de
funciones que caracterizaba a la poliarquía38 medieval. El feudalismo es
coherente con una realidad económico-social autárquica.39 La Iglesia y la idea
imperial, desde pretensiones opuestas al feudalismo, presionaron con igual
eficacia contra las nacientes aspiraciones que encarnaría el Estado. El Estado
moderno, junto a la pretensión de concentrar funciones políticas hasta entonces
dispersas, trataría de ser un instrumento objetivo al servicio de una colectividad
que especializaría a unos hombres y unas instituciones al servicio de lo político.
38 Existencia de varios poderes en un territorio.
39 se vincula con la autosuficiencia jurídica y económica de un Estado y sus instituciones.
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El Estado moderno, durante mucho tiempo, fue más un deseo que una
realidad establecida. Del mismo modo que en el Estado moderno coexisten
territorios en los cuales se hace sentir de muy diversa forma la pretensión de
concentración de poder por los nuevos príncipes, igualmente convivirán por
mucho tiempo las viejas instituciones políticas de la etapa política anterior con
las de nueva planta a través de las cuales avanza el poder del Estado. El
proceso es muy similar en los tres grandes Estados de la modernidad europea:
Inglaterra, Francia y España.
Durante mucho tiempo, tanto los enfoques marxistas como los no
marxistas han buscado en los mecanismos generadores de un incipiente
desarrollo capitalista la clave para el desarrollo del Estado moderno. Aparte de
la importancia de esta explicación económica se debe añadir el marco político.
La alianza de la burguesía emergente con el interés constructor de
Estados fue fundamental. También hubo una expansión demográfica
importantísima.
Universalmente se ha reconocido el influjo de la guerra como aliciente
para el desarrollo capitalista; la actividad bélica de los Estados de la
modernidad se complementa con el desarrollo obligado de la burocracia y de un
aparato fiscal acorde con las nuevas necesidades políticas.
Junto a estos datos económicos, también hubo una ambición en la
construcción de los nuevos Estados, la conservación de lo que se tenía, en una
coyuntura de fuerte inestabilidad, obligaba a una política de permanente
expansión. En un estado de guerra generalizado, sólo el Estado parecía el
elemento adecuado para la pacificación. El proceso de expansión del centro a
la periferia utilizando en buen número de ocasiones las pautas marcadas por
los reinos medievales, fue un factor decisivo en la emergencia de los nuevos
Estados. Las necesidades de confesiones religiosas y la adaptación del
derecho romano son elementos complementarios que trabajan en la afirmación
del nuevo modelo de organización política.
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Algunos autores utilizan el término Estado para hacer referencia a todo
tipo de organización política, ya se trate de las polis, el Imperio o los reinos
medievales. Sin embargo, otros estudiosos dan a este concepto un significado
más restringido, al entender por Estado moderno la forma de organización
política que se generaliza en Europa a partir del siglo XVI. El término statu
aparece por vez primera en la obra de Maquiavelo40 para designar al nuevo
statu político surgido en el renacimiento. Para Carl Schmitt, el Estado es un
concepto histórico concreto que surge íntimamente vinculado a la idea y
práctica de la soberanía en el siglo XVI. El Imperio y las polis habían sido las
dos formas políticas más características de la antigüedad. Según Strayer, los
Imperios del mundo antiguo estaban escasamente integrados, la lealtad hacia el
poder político era deficiente por la escasa participación de sus habitantes en el
proceso político; desde el punto de vista organizativo, esta forma política poseía
un poder monocéntrico y, a diferencia del Estado moderno, no reconocían el
derecho a la existencia autónoma de otras sociedades políticas no incluidas
dentro de sus territorios. Las polis griegas constituían una pluralidad de centros
de poder y cada una de ellas gozó de un importante grado de cohesión interna.
El poder correspondía al demos, al pueblo; ser ciudadano o miembro de la
polis suponía una participación en los asuntos políticos. La ciudadanía era un
privilegio que se obtenía desde el nacimiento, por ello los extranjeros residentes
y los esclavos no participaban en la vida política, al no gozar de dicho privilegio.
Una de las debilidades de la polis fue precisamente su debilidad para
incorporar en su estructura política nuevos territorios y otras poblaciones.
El Estado es producto de un largo proceso de consolidación histórico, su
desarrollo y consolidación no surge cronológicamente en los distintos países. La
formación del Estado no debe plantearse como un proceso lineal ya que cuando
emerge, coexiste con imperios y ciudades-Estado.
40 Maquiavelo en El Príncipe…”Todos los Estados, todas las dominaciones que han ejercido y ejercen
soberanía sobre los hombres….”
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Una de las premisas básicas para el surgimiento del Estado modero fue la
progresiva centralización del poder, el proceso histórico que conduce al
surgimiento de este modelo de organización política se encuentra determinado
por la superación de la dependencia de la Iglesia, de la idea de Imperio y de la
poliarquía medieval.
El orden político de la alta edad media se caracterizó por la tensión entre
las ideas universales y las ideas localistas, mientras que en la modernidad, el
poder político se fundamentó en la razón, durante la edad media, se sustentó
en una concepción sacralizada, en la creencia de que la cristiandad formaba
una sola comunidad, la republica christiana, de carácter universal e identificada
con la Iglesia.
Se encabezaba por dos autoridades, ambas de origen divino: el Papa y el
emperador. La idea imperial, fruto del modelo político romano de Augusto, fue
fomentada por la Iglesia. La manifestación política del universalismo en el orden
temporal estaba encarnada en el Sacro Imperio Romano. Según García Pelayo,
la estructura política del Imperio (Sacro Imperio Romano Germánico), se
caracterizaba por su pretensión de hegemonía universal sobre los reyes
cristianos, y no sobre los pueblos. Esta hegemonía era consecuencia de que al
Emperador se le consideraba la primera dignidad política y se le reconocía la
auctoritas, si bien no la potestas, esto es, era distinguido como una autoridad
superior capaz de condicionar la conducta de los individuos, pero no poseía
poder por carecer de medios coactivos, ya que la potestas se impone mientras
que la auctoritas se reconoce. El Imperio ejerció un poder efectivo sobre todo
en Europa central, ya que desde el siglo XIII, Francia, Inglaterra y los reinos
hispánicos se declararon exentos. Con la firma de la Paz de Westfalia se
restringieron los derechos del emperador en favor de los reinos imperiales.
La dimensión universalista de la edad media coexistía con una
organización política de índole localista. Por un lado los diferentes reinos
europeos estaban supeditados al emperador y a la iglesia en el ámbito externo,
pero en el ámbito interno, el poder de los reyes se encontraba limitado por el
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poder de los señores feudales, que gozaban de cierta autonomía en el interior
de los reinos. Este carácter localista medieval es propiciado por el modelo de
producción esencialmente agrícola, el constante desorden social debido en
parte a las rivalidades entre príncipes y por la dificultad de las comunicaciones;
todos estos factores hacen inviable la existencia de unidades políticas grandes
y eficaces que mantengan el orden.
Las relaciones feudo-vasalláticas fundamentan la organización política de
la edad media. Los pactos de lealtad entre el señor y sus vasallos originan una
jerarquía en cuya cúspide se encuentra el señor con sus vasallos, que a su vez
son señores de subvasallos y en la base se encuentran los que no son señores
de nadie. Estos pactos originaban obligaciones recíprocas entre señores y
vasallos. El señor estaba obligado a proteger a sus vasallos y a darles
manutención a través de la concesión de un feudo.
Los vasallos debían al señor fidelidad y prestación de diversos servicios,
militares, administrativos, etc. En ocasiones, la concesión de un feudo podía
incluir el ejercicio de funciones de justicia y tributarias. Los feudos eran
hereditarios. Estos pactos daban lugar a una fragmentación del poder que
obstaculizaba la sumisión directa del pueblo hacia el rey, ya que éste sólo podía
acceder a los instrumentos del poder (ejércitos, ingresos, tribunales), mediante
los poderes intermedios. La organización política del feudalismo se
caracterizaba por la desintegración, la patrimonialización, el pluralismo, la
dispersión y la reducción a relaciones interprersonales del poder político.
Al mismo tiempo, existe una comunidad política cuya cabeza es el rey,
que goza de una situación privilegiada en ella. El orden feudal dio paso a la
aparición de las monarquías estamentales41. Este tránsito se encuentra
41 El término estamental designa un tipo de organización social basada en la desigualdad de condiciones,
sancionada por el sistema jurídico-político y legitimada tradicional y teológicamente (por la costumbre y
por una ideología de base religiosa), en el que los individuos permanecen adscriptos a diferentes
categorías (estamentos), ordenadas jerárquicamente dentro de su grupo humano, que prescriben la esfera
de actividades a las que se pueden dedicar y sus limitaciones políticas, y que son en principio
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determinado por la consolidación del poder del rey y por la alianza del clero, la
nobleza y las ciudades, denominada regnum, que defiende sus privilegios frente
al poder del rey. De este modo aparece la representación estamental y
cualquier modificación del orden establecido que sea pretendido por el rey
deberá obtener la aprobación de los estamentos. Según García Pelayo, el
poder político es ejercido por el rey y el regnum, de modo que la pluralidad de
otras épocas se convierte en la dualidad del poder, inaugurándose una nueva
etapa que conducirá a la unificación del poder.
4.3 El Estado liberal.
El Estado liberal tiene su origen en el último tercio del siglo XVIII y se
desarrolla a lo largo del XIX y XX, llegando a nuestros días, después de haber
pasado por múltiples transformaciones, hasta lo que conocemos como Estado
social de derecho o Estado del Bienestar. Fundamentalmente, el Estado liberal
es el producto, por un lado, de la experiencia histórico-política inglesa de los
siglos XVII y XVIII; por otro, de la filosofía de las luces y el racionalismo de
signo individualista producido en el continente, especialmente en Francia.
Debido a un cúmulo de cambios históricos tanto en el ámbito social, como
en el económico y científico, junto con el desarrollo de nuevas ideas y de un
nuevo concepto del hombre, se produjo el rechazo al absolutismo coartador del
libre desarrollo de esta nueva concepción. El Estado liberal tuvo un importante
carácter reactivo frente al sistema establecido.
El nuevo sistema posee una clara base individualista, como continuador
de la Ilustración aunque en la Ilustración la individualidad era entendida como
algo abstracto o referida a la igualdad de todos los seres por su propia
naturaleza, sin distinción de ningún tipo, oponiéndose a las ideas de carácter
relativamente inflexibles a las variaciones e independientes de las acciones o logros (económicos,
políticos, militares, intelectuales) de los individuos.
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concreto que fijan su atención en lo que de singular tenga cada individuo. Sin
embargo, el nuevo sistema postula un individualismo genérico, común a toda
persona por el mero hecho de serlo, prescindiendo de todas las diferencias
reales que puedan darse por razón de sexo, origen, raza, inteligencia, etc.
Para el nuevo Estado, tienen capital trascendencia las declaraciones de
derechos, clave del entramado institucional que se va a establecer. En ellas se
define básicamente el ámbito de libertad que el poder político no va a poder
invadir. A pesar de que los poderes políticos consideraban ese ámbito de la
libertad derivado de la propia naturaleza humana y por tanto previa al
establecimiento de cualquier poder político, la realidad histórica del momento
hacía que este reducto de libre acción fuera respetado por dicho poder. Por ello,
al lado de la proclamación de los derechos del hombre, se establecieron dos
garantías para que la práctica de dicha libertad fuese respetada: la separación
de poderes y el estado de derecho. Ambos surgieron como mecanismos de
control del poder político con la finalidad de garantizar la libertad individual. De
modo paralelo a la trascendencia del individualismo en este modelo político, se
desarrolló la idea de democracia, igualmente vital para el Estado liberal. El valor
a defender era también la igualdad de todos los hombres, de lo que se deriva
que en un principio es el consentimiento de los mismos la única razón
legitimadora del poder político. Esta igualdad sustancial, dará lugar a una serie
de instituciones democráticas cuyo punto de partida es el sufragio y conducirá a
la transformación sustancial del originario Estado liberal en el Estado
democrático y social de nuestros días.
4.4. El Estado del bienestar.
Se dice que existe un Estado del bienestar, Estado social de derecho o
Estado providencia, cuando el Estado asegura la protección social, entendida
ésta mediante derechos tales como la sanidad, la vivienda, la educación, los
servicios sociales, las pensiones de jubilación o la protección del empleo o del
empleado.
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Se distancia de la concepción liberal que había mantenido que la libertad
y el desarrollo de las actividades privadas sólo pueden garantizarse mediante
la autolimitación de las funciones estatales. Teniendo en cuenta la praxis de los
países occidentales, puede sostenerse que la transformación de los Estados
liberales en Estados del bienestar implicó una ruptura en ciertos aspectos del
orden establecido, pero no así en otros, ya que ciertos principios característicos
del estado de derecho o el principio de la división de poderes continuaron
formando parte del mismo. El Estado del bienestar ha sido también llamado
Estado providencia, Estado protector y Estado social de derecho, no obstante,
se ha generalizado el uso del término Estado del bienestar o Welfare State. El
Estado del bienestar se ha caracterizado por:
 Intervención del Estado en la economía con el objetivo de mantener el
empleo. Esta intervención se produce en una o en ambas de las
siguientes vertientes: creación de un sector público económico y
regulación del mercado.
.
 Prestación pública de un conjunto de servicios de carácter universal
(educación, sanidad, pensiones, vivienda), con los que se pretende
garantizar un nivel mínimo de ingresos a la población. La
responsabilidad estatal en el mantenimiento de ese nivel mínimo ha
de entenderse como un derecho y no como caridad pública para una
minoría. Los sistemas de seguridad social constituyen una de las
instituciones más representativas del Estado de Bienestar.
El Estado del bienestar se consolida como un modelo particularizado de
organización política a partir de la segunda postguerra. Desde el punto de vista
teórico, sus principios se establecieron en el siglo XIX. Desde una perspectiva
práctica, en la época de Bismarck se configuró un sistema de seguros sin
precedentes en Europa, al establecerse entre 1883 y 1889 los seguros
obligatorios de enfermedad, de accidentes de trabajo, jubilación. Estos seguros
se concibieron como un medio de restar influencia política a la
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socialdemocracia. Desde fines del siglo XIX hasta 1915, el orden liberal
experimentó paulatinos cambios. Para la concepción liberal, la previsión contra
los riesgos de la pérdida de renta correspondía al individuo y si éste caía en una
situación de indigencia, la culpa era suya debido a su falta de previsión. Sin
embargo, la legislación social que comienza a aprobarse a partir de finales del
siglo XIX refleja un cambio en los parámetros desde los que se había entendido
la pobreza hasta entonces. Se tendió a considerar que la sociedad era también
responsable de la miseria y que frente a ella la defensa individual era
insuficiente. La seguridad contra los riesgos que amenazaban al trabajador
empezó a considerarse como una obligación colectiva, lo que supuso que el
Estado asumiese nuevas responsabilidades. Aparece una concepción distinta
del riesgo, que hasta el siglo XIX se pensaba provenía de causas naturales y al
final de este siglo se entendió que había que encontrar sus causas en las
relaciones sociales. Por tanto, la seguridad no debe fluir de lo privado sino que
debe constituir una función del Estado. A fines del XIX y principios del XX el
Estado del bienestar era aún un experimento, ya sea porque no se lograse el
suficiente consenso en torno a él, ya sea porque las condiciones económicas no
lo permitiesen. El origen próximo del Estado del bienestar debe ubicarse en el
período de entreguerras, particularmente en ciertas experiencias históricas,
como la República de Weimar y las políticas practicadas por Leon Blum en
Francia, o por los socialdemócratas suecos tras su triunfo en las elecciones de
1932. Fueron los años 40 los que marcaron la nueva etapa en la evolución del
Estado del Bienestar y en ellos se inicia su consolidación.
4.5 El Estado neoliberal.
En un régimen de economía neoliberal las grandes empresas se
superponen al Estado y terminan por utilizarlo como un instrumento para sus
fines económicos, que no pueden ser sino la acumulación sostenida de capital,
de esta manera, el Estado acaba siendo un aparato de dominación de una
clase social sobre todas las demás, quienes eventualmente llegan a formar
parte de este tipo de Estado no constituyen más que una junta que se dedica a
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administrar los negocios de las grandes empresas, tanto nacionales como
transnacionales.
Actualmente vivimos una ofensiva del neoliberalismo en todo el mundo,
las grandes potencias, como los Estados Unidos de América, no han dudado en
utilizar una estrategia de guerra para imponer sus reglas, su modelo económico,
su dogma ideológico. Es el neoliberalismo de guerra. A los países con
gobiernos débiles, que se han doblegado sin resistencia alguna, acaso por
convicción propia, por identidad de principios, o simplemente por la incapacidad
de oponerse, los han integrado a este orden que no hace sino generar miseria
y desesperación por todas partes, que amenaza con convertir a nuestro planeta
en un desierto inmenso, que fomenta el individualismo rabioso como medio de
movilidad social.42
El neoliberalismo plantea que el Estado no pase de ser un observador de
los movimientos de la economía; de manera que sea la libre empresa, la
iniciativa privada, la que regule el mercado. En esta estructura de imposición de
una economía neoliberal las clases trabajadoras no tienen ningún espacio para
que pudieran proteger sus intereses. La democracia formal, que empieza y
termina en las urnas, que se basa en el engaño y la manipulación de las
conciencias, no alcanza para tanto, a los trabajadores no les queda sino seguir
soportando sobre sus espaldas el peso aplastante de una estructura económica
que ha sido diseñada para exprimirles hasta la última gota de su sudor y su
sangre. ¿Cómo es posible identificar las políticas económicas y sociales que
tienen que ver con el neoliberalismo? Algunos de sus rasgos más pronunciados
son las tentaciones privatizadoras que son irresistibles para los empresarios,
ellos quisieran que el Estado se deshiciera de toda intervención en la economía,
incluso por lo que se refiere a áreas que son estratégicas para el desarrollo del
país. Otra de las características es la superexplotación de los trabajadores. De
ser posible, cuando las condiciones lo permiten, eliminan de tajo o
gradualmente las conquistas históricas que en materia de derechos laborales
42 Guzmán Ramos, ramón, Estado neoliberal,La Jornada Jalisco, 17 de enero de 2007.
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habían logrado y se les imponen condiciones de contratación realmente
humillantes y de total desprotección, en este proceso de aniquilación entra
también la seguridad social (reformas a la ley del IMSS, ISSSTE, etc.)
Lo que está sucediendo en estos momentos en nuestra economía
nacional no es sino una de las expresiones de este tipo de mercado libre, de
libre competencia, donde el más fuerte es el que impone las condiciones y se
lleva todas las ganancias. El Estado neoliberal que nos gobierna hace mucho
que ha cedido la soberanía a las grandes potencias económicas y militares. Lo
que estamos viendo en estos momentos es la pérdida dramática de nuestra
soberanía alimentaria, de la misma manera que había ocurrido ya con nuestra
soberanía política.43
Los panistas se han identificado desde hace tiempo con el neoliberalismo
de guerra que le impuso Bush al mundo, nada han hecho contra esa estrategia
de militarización de nuestra frontera norte y de apertura total a las
importaciones. Esta escalada de precios que encarece la vida hasta la infamia,
es también un síntoma de las crisis en que la economía neoliberal suele caer de
una manera recurrente, y eso es finalmente lo que tenemos en puerta: el inicio
de una crisis económica profunda, como la que recibió Ernesto Zedillo al inicio
de su mandato y que tiende a agudizarse.
No está en manos del gobierno neoliberal que nos dirige, detenerla y
revertirla, no es el Estado el que tiene una injerencia decisiva en estas
cuestiones ya que la naturaleza salvaje de esta economía arrojará a más
millones de mexicanos a la pobreza, a la miseria extrema y a la desesperación,
a menos que el gobierno implemente medidas urgentes para subsidiar los
productos y servicios de primera necesidad, se paliaría así un poco la crisis,
aunque no la resolvería, pero son medidas que requieren de recursos
extraordinarios que el Estado no tiene, o no quiere soltar; medidas de tipo
populista o paternalista de las que tanto se acusó a la oposición.
43 Idem.
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La economía neoliberal, con su Estado protector, ha llegado a límites que
sólo han demostrado su ineficacia para procurarles bienestar a todos los
sectores y clases de la sociedad, lo que hace es que tarde o temprano las
crisis económicas, como ésta que estamos viviendo con espanto, se traducen
en crisis de estabilidad social. Calderón tendría que recordar que viene de un
proceso electoral severamente cuestionado y que la fractura social no se ha
compuesto. No sólo por cuestiones políticas se abren coyunturas para empujar
el cambio hacia posiciones de mejoramiento de la vida social, las crisis
económicas suelen ser mucho más peligrosas en ese sentido.
El gobierno mexicano debe estar realmente preocupado por lo que está
pasando y por el hecho de que su gobierno no puede hacer lo que se necesita
para revertir la crisis que le estalla en las manos y evitar el estallido desde la
sociedad. Por eso, quizá, esa actitud de optimismo artificial en el balance que
hizo de sus primeros días de gobierno. Podríamos estar también ante la
reedición de esa política de los espejismos que nos impuso Fox. La gente
puede aguantar un poco con el descontento que le generan los engaños
políticos, pero que nadie espere que se aguante el hambre y las enfermedades
y que aguante ver así a sus hijos, ya que de la tristeza y la impotencia se podría
pasar sin pensarlo a la irrupción de la sociedad en los espacios públicos.

Bibliografia:
Apuntes de Ciencia Política. Autor: Lic. Yuri Cerda Mendoza.
 
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