martes, 6 de diciembre de 2011

Queridos amigos

Queridos amigos, sé que estaréis muy ocupados. Sé que seguramente tendréis problemas, vosotros dos. Sé que estudiáis, trabajáis y tenéis familia y otros amigos a los que atender. Supongo que vuestro ritmo de vida os impide cogerme el teléfono durante un par de semanas, que son las que llevo intentando saber de vosotros. De ambos. Sé que los días son largos y que muchas veces se nos olvida qué ha pasado o quién nos ha llamado. Lo sé todo. Lo comprendo todo. Lo asumo todo.

Pero sabed vosotros que yo también estoy muy ocupada. Yo también tengo problemas. Yo también trabajo, tengo familia y otros amigos a los que atender. Mi ritmo de vida no es precisamente relajado, al menos entre semana. Mis días también son largos y cansados, y a veces me olvido de qué ha pasado o de quién ha llamado. Pero yo, en ese caso, trato de recordar, y devuelvo las llamadas al día siguiente. No comprendo cómo vosotros dos, dos de las personas más importantes de mi vida, sois incapaces de levantar el auricular en dos semanas para charlar conmigo aunque sea cinco minutos.

Escribo esto desde la rabia y el dolor. Escribo esto aquí porque seguramente ninguno de los dos lo leáis. Lo hago sólo para desahogarme. Sencillamente escribo esto aquí por no mandaros a la mierda directamente. Con cariño, eso sí.
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