lunes, 30 de enero de 2012

EL PENSAMIENTO ECONÓMICO EN AMÉRICA LATINA


 Corrientes y escuelas
 Estructuralismo latinoamericano, Raúl Prebisch y CEPAL
En el estructuralismo latinoamericano existen dos períodos de especial relevancia. Uno, vinculado a la situación interna argentina de los años treinta del siglo XX, y el otro, a la situación internacional de América Latina, a partir de los años cuarenta de la pasada centuria. Si bien Raúl Prebisch no era el ministro de Economía, ejerció la dirección del Banco Central de Argentina entre 1935 y 1943 y, desde allí, obró como el gran artífice y el gran reformador de la conducción económica de dicho país. Una de las políticas destacables fue la del control de cambios. El propio Prebisch señaló que tal política obedecía a una imposición de las circunstancias, era complejísimo manejarla, pero hubo que recurrir a ella. Uno de sus objetivos consistió en el apoyo a actividades económicas compensatorias de la intensa recesión prevaleciente, apoyo en que sobresale el dirigido a determinadas ramas industriales.
Durante los años treinta, se acentuó de este modo un proceso de industrialización. En 1942 y 1943, el gobierno adoptó una decisión considerada como definitiva: la industrialización habría de ser la base del desarrollo argentino. Hubo, pues, un momento de clara opción por la industrialización, entendiéndose que el futuro del país tendría en ella su base principal.
Otro momento histórico destacable es el de la Segunda Guerra Mundial y de la inmediata posguerra, en tanto es en el que surge la idea del desarrollo. Específicamente, se consolida en la Carta de San Francisco (1945), que da origen a las Naciones Unidas. En realidad, hay un antecedente en la Carta del Atlántico, de 1941, que establece que el único fundamento cierto de la paz reside en que todos los hombres libres del mundo puedan disfrutar de prosperidad económica y seguridad social; sus firmantes se comprometen a procurar un orden mundial orientado a esos objetivos, una vez finalizada la guerra. Asimismo, se producen durante la misma, cuatro reuniones de los tres grandes (Churchill, Stalin y Roosevelt); en la última, que tuvo lugar en Yalta, esa idea naciente de buscar el desarrollo, entendido como bienestar para todos los hombres y como forma de evitar la guerra, fue objeto de un gran énfasis.
La Carta de San Francisco dice concretamente que los países integrantes de Naciones Unidas se encuentran “decididos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de una libertad mayor”, “a emplear las instituciones internacionales para la promoción del avance económico y social de todos los pueblos”, “a lograr la cooperación internacional necesaria para resolver los problemas internacionales de orden económico, social, cultural o de carácter humanitario y para promover y estimular el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, sin distinción de raza, sexo, lengua o religión”.
Se crea, además, un conjunto de organismos y foros en el ámbito de las Naciones Unidas. Se establecen dos comisiones regionales, la de Europa y la de Asia que, en realidad, son comisiones para la reconstrucción. Bajo la iniciativa de Chile, se funda la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), en principio por un período de dos años.
Lo importante aquí es que surge una posición pro-desarrollo y se promueve la creación de organismos para procurar bienestar para todo el mundo, que no haya hambre, que se respeten los derechos humanos, en los términos explicitados en la Carta de San Francisco. Con posterioridad y en paralelo a esa Carta y a la creación de los organismos antedichos, se definen dos posiciones: una que sostiene que las nuevas instituciones deben favorecer el desarrollo sobre la base del libre mercado, y otra posición industrialista, que es típica de América Latina y tiene su base en el documento fundacional de Prebisch del año 1949, titulado El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas; las percepciones de ese “manifiesto de los periféricos” de 1949 -así fue bautizado- reaparecen en los cinco primeros capítulos del Informe económico para América Latina de la CEPAL, que data de 1950. De ambos se extrae el contenido de una teoría del subdesarrollo, diferenciable de las varias formalizaciones que con el tiempo van
surgiendo. El contenido está constituido por las ideas generales, carentes de una total precisión analítica, pero armónicas y complementarias.
Las formas que luego se van creando son la articulación lógica de elementos del contenido originario. En la medida en que el contenido se formaliza, cambia y se enriquece. El contenido es lo que se ha denominado “concepción del sistema centro-periferia”. Como cuestión clave y definitoria del mismo, se sostiene que entre centro y periferia tienden a reproducirse diferencias en los niveles de ingreso y los grados de complejidad y desenvolvimiento de las estructuras ocupacionales y productivas.
Los principales autores del estructuralismo postulan que el sistema centro-periferia se constituye a partir del último cuarto del siglo XIX, durante el período denominado de “desarrollo hacia afuera”, que culmina con la crisis de los años treinta del siglo XX. El desarrollo hacia afuera fue dándose en casi todos los países de América Latina, consistiendo en aumentar el producto sobre la base de la exportación de bienes primarios, con muy poca industria respaldando su producción.
Las economías de la región, a partir de este patrón de desarrollo, pasan a ser economías “especializadas”: se concentran en la producción y exportación de ciertos productos primarios. En cambio, los centros son economías diversificadas, es decir, poseen industrias en una considerable cantidad de ramas. Una primera diferencia estructural está dada por la especialización, en un caso, y la diversificación, en el otro.
La segunda diferenciación estructural, ligada a la primera, es el carácter heterogéneo de las economías de la periferia. Ello significa que hay mano de obra ocupada con niveles de productividad normal y mano de obra ocupada con niveles de productividad sumamente bajos (subempleada). La coexistencia de empleo y subempleo es lo que define la heterogeneidad estructural. En los centros, en cambio, hay homogeneidad.
Respecto al tema del subempleo, existen algunas particularidades, como el caso de Uruguay, que es un espacio vacío en el que el subempleo constituye una pequeña parte de la población activa. El de Argentina es similar, aunque no tan claro, porque en el norte del país existía trabajo de muy baja productividad en actividades primarias. En realidad, el origen del subempleo urbano es la disgregación de la agricultura y la expulsión de mano de obra desde el sector agrícola hacia la ciudad (ejemplos típicos son los de Brasil y México). En cambio, parece que el subempleo en las regiones del Río de la Plata tiene orígenes más recientes, surge de crisis que degradan la calidad de la ocupación en actividades urbanas ya constituidas.
Exactamente, aquí es donde entra en cuestión el problema de la dependencia se e presenta el tema de la dependencia, que tiene dos vertientes. Una de carácter supuestamente marxista, que entre otros desarrollaron André Gunder Frank, Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos y Roberto Pizarro. En líneas generales, se trata de una postura teórica directa o indirectamente vinculada al tema de la revolución armada. Varios posicionamientos sugieren que la dependencia es tal que no admite salida y, por lo tanto, que la salida pasa por la lucha armada.
En cambio, otros autores se caracterizan por su amplitud, como en el caso de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto. Su idea de dependencia se funda sobre una relación estructural interno-externa, lo que significa que hay una alianza interna de clases que delinea el contexto hegemónico, para usar la terminología de Gramsci, que tiene un nexo con grupos foráneos. Este nexo condiciona las relaciones políticas y la constitución del poder del estado. Las condiciona con menoscabo de un poder independiente, de un poder capaz de llevar con fuerza el desarrollo. Aunque, como todo el estructuralismo, no piensa que haya una única salida, sino varias posibles.
Esto es típico en el estructuralismo básico, donde es necesario hacer una redistribución del ingreso para que haya demanda interna para los productos. Pero esa política puede ser de distinto tipo, es decir, no se adopta una postura reduccionista. Los autores mencionados tampoco lo son, admitiendo    que    pueden    haber    relaciones    estructurales    interno-externas    de    dependencia    que
permiten ir cambiando y creciendo, y que pueden haber otras que inhiban el desarrollo. Esto depende de cómo jueguen las relaciones políticas. Cardoso y Faletto terminan su famoso libro (Desarrollo y dependencia en América Latina) diciendo que pueden existir distintos casos de “heteronomía” y “autonomía”. Es decir, predominando la “heteronomía”, las relaciones políticas van a impedir el desarrollo en el ámbito político, y desde allí, el desarrollo en general; en cambio, las relaciones de “autonomía” irán de la mano con algún grado de desarrollo, virtualmente considerable.
Durante los años noventa del siglo pasado y los de comienzo del nuevo milenio, la idea de centro-periferia sigue teniendo vigencia. Lo que sucede es que se reconoce que las condiciones han cambiado, que hay una embestida liberal que no es conducente, como consecuencia, precisamente, del subempleo estructural, el atraso industrial, el atraso tecnológico, justamente en momentos en los que hay una revolución tecnológica. Es necesaria, entonces, una política que contemple a fondo estos tres ámbitos de problemas.
8.1.2. Consenso de Washington y John Williamson
En los comienzos de 1990, tras la caída del muro de Berlín, hacía ya años que el socialismo real como sistema económico iba siendo progresivamente cuestionado o abandonado. Pero es en aquel momento en que, en ciertos círculos económicos, se intentó formular un listado de medidas de política económica que constituya un “paradigma” único para la triunfadora economía capitalista. Este listado serviría especialmente para orientar a los gobiernos de países en desarrollo y a los organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial -en adelante FMI y BM-) a la hora de valorar los avances en materia de ortodoxia económica de los primeros, que pedían ayuda a los segundos.
La primera formulación del llamado “consenso de Washington” se debe a John Williamson (“Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas de las políticas económicas”); y data de 1990. El escrito concreta diez temas de política económica, en los cuales, según el autor, “Washington” está de acuerdo. “Washington” significa el complejo político-económico-intelectual integrado por los organismos internacionales (FMI, BM), el Congreso de los EEUU, la Reserva Federal, los altos cargos de la Administración y los grupos de expertos. Los temas sobre los cuales existiría acuerdo son:
disciplina presupuestaria;
cambios en las prioridades del gasto público (de áreas menos productivas a sanidad, educación e infraestructuras);
reforma fiscal encaminada a buscar bases imponibles amplias y tipos marginales moderados;
liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés;
búsqueda y mantenimiento de tipos de cambio competitivos;
liberalización comercial;
apertura a la entrada de inversiones extranjeras directas;
privatizaciones;
desregulaciones;
garantía de los derechos de propiedad.
Ha habido otras formulaciones del “consenso de Washington”:
Fischer, comentando el escrito de Williamson, habla de cuatro aspectos fundamentales: marco macroeconómico equilibrado (sound); gobierno de menores dimensiones y más eficiente; sector privado eficiente y en expansión; y políticas destinadas a la reducción de la pobreza.
Krugman resume el consenso en “la virtud victoriana en política económica: mercados libres y moneda sólida”.
El mismo Williamson reformulará y matizará los diez puntos, en el año 1993, en otro artículo (“La democracia y el „consenso de Washington”), en donde defiende de nuevo la necesidad de un consenso y matiza el alcance del mismo, distinguiendo tres tipos de medidas de política económica:
a) aquellas en las que se ha conseguido consenso;
b) aquellas en las que existe controversia técnica (no relacionada con temas de equidad);
c) aquellas en las que todavía queda controversia para años, porque implica valores políticos: sobre todo problemas de equidad.
De hecho, Williamson acepta (a sugerencia de R. Feinberg) cambiar el concepto de “consenso de Washington” por el de “convergencia universal”. Este segundo es menos exigente y, además, permite olvidar que “Washington” predica, pero no siempre practica las normas que contiene.
Sin embargo, entre 1993 y el fin del decenio, han pasado ciertas situaciones; v. g. las crisis mexicana y asiática. De ahí que Manuel Guitián y Joaquín Muns propongan una reforma del consenso a partir de las recomendaciones surgidas de la reunión del G-7 de octubre de 1998. Señalaremos, finalmente, que se ha sugerido que las normas de política económica del tratado de Maastricht constituyan una adaptación a la Unión Europea del “consenso de Washington”.
Asimismo el “consenso de Washington” ha recibido gran cantidad de críticas. Quizás las más importantes sean las que le formulara Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial. Críticos de la liberalización como Noam Chomsky o Naomi Klein, ven en el Consenso de Washington un medio para abrir el mercado laboral de las economías del mundo subdesarrollado a la explotación por parte de compañías del primer mundo.
Las críticas, que provienen desde la antiglobalización hasta del mismo liberalismo económico, argumentan además que los países del primer mundo imponen las políticas del “consenso de Washington” sobre los países de economías débiles mediante una serie de organizaciones burocráticas supraestatales como el BM y el FMI además de ejercer presión política y extorsión. Se argumenta además, de forma generalizada, que el “consenso de Washington” no ha producido ninguna expansión económica significativa en Latinoamérica, y sí en cambio algunas crisis económicas severas y la acumulación de deuda externa que mantiene a estos países anclados al mundo subdesarrollado.
8.2. Autores latinoamericanos representativos del final de siglo XX 8.2.1. Theotonio Dos Santos
Theotonio dos Santos (1936) es un economista brasileño marxista de extraordinario prestigio teórico. Entre sus aportaciones más destacadas está su contribución a la formulación general del concepto de dependencia, la periodización de las diversas fases de la dependencia en la historia de la acumulación capitalista mundial, la conceptualización de las características generales y específicas de las estructuras internas dependientes y la definición de los mecanismos reproductivos de la dependencia. Ha trabajado también en la teoría de los ciclos.
Dos Santos titulado en sociología y política en administración pública por la Universidad Federal de Minas Gerais, en la que también obtuvo el doctorado en Economía. Tiene también la maestría en ciencia política por la Universidad de Brasilia.
Dos Santos es profesor titular de la Universidad Federal Fluminense y Coordinador de la Cátedra y Red UNESCO - Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible. Ha sido profesor de las Universidades de Brasilia, Nacional Autónoma de
México,   Norte   de   Illinois,   Estado   de   New   York,   Católicas   de   Minas   Gerais,   Rio   de   Janeiro, Instituto Bennett de Rio de Janeiro y Federal de Minas Gerais.
Entre los cargos administrativos que ha ocupado están los de Director del Centro de Estudios Socio-Económicos de la Universidad de Chile (CESO); Director en la División de Postgrado de Economía de la UNAM (México) del departamento de Doctorado del Seminario Permanente sobre Latinoamérica (México); Consejo directivo del Programa de Postgrado en Ciencia Ambiental, UFF, y Secretario de Asuntos Internacionales del Gobierno de Estado de Río de Janeiro.
8.2.2. Celso Furtado
Celso Monteiro Furtado (1920-2004) fue reconocido mundialmente como uno de los principales economistas y pensadores sociales latino-americanos de nuestro tiempo.
Nace en 1920 en Paraíba, Brasil. Se gradúa en Derecho en Rio de Janeiro (1944) y obtiene el doctorado en Economía en la Universidad de París (1948). En 1958 y 59 es director del Banco Brasileño de Desarrollo Económico y Social desde donde concibió y creó SUDENE, Superintendencia para el Desarrollo del Nordeste, una agencia gubernamental pionera para impulsar el desarrollo económico en el atrasado nordeste brasileño. Fue superintendente de esta agencia de 1959 a 1964. El trabajo desarrollado por Celso Furtado en SUDENE fue objeto de un estudio de Albert O. Hirschmann que, publicado con el título de Journey Towards Progress obtuvo la atención mundial de los teóricos del desarrollo.
En 1962 y 1963, Furtado fue Ministro de Planificación durante el gobierno de João Goulart. El golpe de estado militar de 1964 le privó de sus derechos políticos y provocó su migración y su dedicación a la docencia en las Universidades de Yale, Cambridge y París. Tras el restablecimiento de la democracia en Brasil, Celso Furtado es designado Embajador de Brasil ante las Comunidades Europeas en Bruselas (1985-86) y posteriormente Ministro de Cultura de Brasil (1986-90). Posteriormente, trabajó en la Comisión de Cultura y Desarrollo de la UNESCO.
La aportación de Celso Furtado a la comprensión de los determinantes del subdesarrollo se basa en una perspectiva histórica y en el análisis de los caminos recorridos por diversos países para superar esa condición.
8.2.3. Hernando de Soto
Hernando de Soto (1941-) nació en Arequipa, Perú; hizo su postgrado en el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra. Ha sido economista en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), presidente del Comité Ejecutivo de la Organización de Países Exportadores de Cobre (CIPEC), director-gerente de Universal Engineering Corporation, miembro del Swiss Bank Corporation Consultant Group, y director del Banco Central de Reserva del Perú. De Soto es presidente del Instituto Libertad y Democracia (ILD) con sede en Lima, Perú. El semanario Time en su número especial de mayo de 1999 sobre "Líderes para el nuevo milenio" lo designó como uno de los cinco principales innovadores de América Latina en el siglo XX. Asimismo el semanario The Economist ha considerado al ILD como el uno de los dos centros de estudios para la formulación de políticas (think tank) más importantes del mundo, y Entwicklung und Zusammenarbeit, revista alemana sobre desarrollo, en su número de enero de 2000, considera a Hernando de Soto como uno de los más importantes teóricos sobre desarrollo en el milenio recién concluido.
De Soto fue representante personal y asesor principal del presidente peruano Alberto Fujimori hasta que renunció dos meses antes de producirse el autogolpe. Entre 1988 y 1995, fue, junto con el ILD, gestor de aproximadamente 400 propuestas, leyes y reglamentos que permitieron modernizar el sistema económico del Perú. En particular, diseñaron y manejaron el sistema de propiedad   predial   en   el   Perú,   el   cual   otorgó   títulos   de   propiedad   a  más   de   1'500,000   familias,
incorporaron unas 300,000 empresas a la legalidad y agilizaron los procedimientos gubernamentales abriendo el sistema legal a una creciente participación de las mayorías. También iniciaron la política que estabilizó la economía peruana, dominó la inflación y permitió al Perú regresar a los mercados financieros internacionales. Hoy, la principal actividad de Hernando de Soto y del ILD es diseñar e implementar programas de formación de capital para los pobres en Asia, América Latina y el Medio Oriente. De Soto ha publicado dos libros sobre la economía y política del desarrollo: El otro sendero, a mediados de los años 80, y El misterio del capital: por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo, al final del 2000. Ambos libros son best sellers y han sido traducidos a cerca de 20 idiomas.
Entre algunos de los premios que ha recibido de Soto destacan el Premio por la Libertad (Suiza) y el Premio Fisher (Reino Unido). Ha recibido recientemente el Premio Goldwater (USA), el Premio Adam Smith de la Association of Private Enterprise Education (USA) y el Premio CARE Canadá para el Pensamiento Destacado sobre el Desarrollo (Canadá).
8.3. Problemas y temas económicos recurrentes
8.3.1. Proteccionismo
El proteccionismo es el desarrollo de una política económica en la que, para proteger los productos del propio país, se imponen limitaciones a la entrada de similares o iguales productos extranjeros mediante la imposición de aranceles e impuestos a la importación que encarezcan el producto de tal suerte que no sea rentable.
La política proteccionista ha conocido distintos periodos de auge y decadencia. De forma general, en situaciones de economía de guerra o de autarquía, el proteccionismo se aplica de manera tajante. En situaciones de crisis económica, ciertos niveles de protección a los propios productos evitan una caída fulminante de precios y el consiguiente descalabro de algún sector de la economía nacional.
8.3.2. Desarrollo
Para muchos de los estudiosos de las ciencias económicas se reviste de extrema importancia el abordar, así como profundizar en investigaciones que concierne a la teoría del desarrollo.
En este sentido, es válido contextualizar dicha teoría al plano latinoamericano y muy específicamente en América del Sur ya que se convierte en una necesidad urgente el conocer, analizar y proponer soluciones a los problemas de desarrollo que caracteriza a esta región en especial. En este orden de ideas, puede enfatizarse en algunos de los factores determinantes que contribuyen a agudizar y obstaculizar las vías de desarrollo en los sistemas económicos, políticos, sociales, culturales, entre otros y los cuales a su vez inciden sobre el comportamiento y los patrones de desarrollo en dichos países.
En primer lugar, puede remontarse al siglo XVI y cuya etapa impidió en cierto grado el nivel de independencia de los países colonizados y donde la explotación de sus recursos no era destinado y mucho menos administrado para promover el desarrollo de esas regiones que eran la fuente de aprovisionamiento y motor de desarrollo en otros continentes, como era el caso de Europa, sin embargo se puede aludir la importancia de este hecho histórico al desenvolvimiento y al primer contacto que en términos comerciales tuvo América Latina con el resto del mundo.
Así profundizando en historia pueden encontrarse muchas razones que pueden considerarse como impedimento para el desarrollo de América Latina; sin embargo, está definido que éste no es el único factor como tampoco es el elemento más característico de los problemas derivados en la región, pero que epistemológicamente puede ser el punto de partida en economía para abordar el estudio de la teoría del desarrollo. Por otra parte, la teoría económica conglomera un conjunto de investigaciones científicas que permiten dilucidar y puntualizar en la importancia de otros factores
que han contribuido a lo largo del tiempo a reprimir y suprimir el desarrollo en algunos países. Es por ello que es conveniente señalar algunos de los más relevantes al momento de considerar y evaluar aquellas políticas de desarrollo que orienten los objetivos económicos de la sociedad global.
En primer lugar, a los países de América Latina se les ha adjudicado características similares y que en su generalidad socavan el desarrollo económico, político y social. Así se enfatiza en las consecuencias poco positivas que tiene la dependencia de muchos países con respecto a otros.
Este factor de dependencia agudiza lo que en muchas ocasiones se suscitan de las crisis en otras regiones, impidiendo hasta cierto punto la continuidad o el avance de procesos particulares.
En otras palabras, la dependencia comercial (la más común) por ejemplo en Venezuela con respecto a las exportaciones de petróleo hacia otros países crea signos de vulnerabilidad cuando potencias capitalistas presentan cuadros recesivos o crisis generales.
Es por este motivo que las fluctuaciones en dichos mercados agudizan los posibles desequilibrios internos que se presentan en las economías.
Por supuesto, que este grado de dependencia está estrechamente vinculado con la deformación estructural que existe en los países de la región, es decir, la anacrónica diversificación de los sectores productivos en la economía y por ende de las exportaciones tiende a ser un elemento crucial que rompería en un alto grado con la dependencia de un país en un sector (de enclave).
Pero a su vez esta deformación estructural o especialización en sectores particulares está entrelazado al abandono por parte de los países en las políticas de industrialización, así la desindustrialización provoca y desencadena severos cuadros de retraso productivo y tecnológico en las economías, cohibiendo a los países del disfrute de altos niveles de crecimiento económico y bienestar.
En otro orden de ideas, los problemas de desarrollo vienen dado por una serie de características entre las cuales las más comunes son:
a) el sector predominante es el primario, lo que significa que las exportaciones se concentran en bienes de dicho sector en donde las ventajas competitivas son prácticamente inexistentes considerando el alto volumen de exportaciones tecnológicas que existe en el comercio internacional;
b)  la mano de obra en una considerable proporción es trabajo sin cualificar y con niveles educativos ínfimos esto por supuesto es conllevado por tasas de desempleo que no permiten una continua y adecuada formación profesional, pero que a su vez es producto del fraccionamiento y desorientación de la educación y los intereses nacionales;
c) los niveles de renta son bajos lo que acarrea bajas tasa de ahorro no contribuyendo en gran parte a estimular la inversión infiriendo de ello las consecuencias contractivas para la economía;
d) la organización institucional no es la más adecuada para fomentar la confianza, la mala administración y la ineficiente asignación de recursos lógicamente son los responsables de la descoordinación de las políticas de desarrollo (si existen) en la economía;
e) la fuga de capitales en los países de la región es creciente e incontrolable lo que empeora aun más el desarrollo de la misma debido a la inestable movilidad de flujos de capitales internacionales y el llamado capital golondrino.
La complejidad del estudio en el área de desarrollo regional es un desafío cada vez más presente pero que no desatina el deseo de solucionar dichos problemas.
Sin embargo, la falta de coordinación y la poca determinación en centrar los objetivos de la política económica en la búsqueda de un sistema de interconexión en donde las medidas que se ejecuten en un sector tenga a su vez incidencia directa sobre otros y que en general contribuyan al
fin último de la política, representan una debilidad en los países. Finalmente, puede exponerse una extensa variedad de soluciones al problema de desarrollo en América Latina, pero teniendo presente la asimetría entre los países y la particularidad que merece cada uno.
Es necesario y primordial consolidar una política en donde el norte sea reestructurar y reformar los sectores institucionales y empresariales del país, de tal forma que ambos interactúen y armonicen en el sistema económico.
De igual forma, deben emprenderse proyectos de desarrollo endógeno, y establecer como uno de los más importantes el problema del sistema educativo, ya que según mis convicciones muchas veces carece de objetividad, pero que a su vez representa la piedra angular del desarrollo en una sociedad.
Capacitando a la sociedad, formando capital humano productivo y con conciencia intelectual y profesional integral, se podrá emprender el viaje hacia muchas transformaciones. Al lograr este objetivo junto con otros no menos importantes, se contará con un eficiente y eficaz recurso humano que dinamice la economía y que al mismo tiempo sea apto de conducir el país hacia rumbos definidos.
Ciertamente la tarea carece de facilidad pero en las metas posibles de la economía se reviste de suma importancia este elemento, simplemente porque al momento de educar a la sociedad se podrá entonces concienciar en la necesidad del cambio y de una u otra forma se logrará ir restableciendo ciertos patrones políticos, económicos y sociales acorde a las condiciones y que en los momentos yacen perdidos.
8.3.3. Crisis de la deuda externa
La deuda externa es la suma de las obligaciones que tiene un país con respecto de otros, que se componen de deuda pública (la contraída por el Estado) y deuda privada o del sector privado, que es aquella que contraen los particulares en el exterior.
La deuda externa con respecto a otros países se da con frecuencia a través de organismos como el FMI o el BM. Si el deudor tiene problemas para pagarla, puede suponer un serio problema para el desarrollo económico de un país, e incluso para su autonomía.
En principio el endeudamiento no es malo, pues permite conservar los recursos propios y recibir recursos ajenos para explotar, procesar o producir nuevos bienes y servicios; sin embargo, se vuelve un problema cuando dicha deuda no se utiliza realmente para lo que fue solicitada o bien las condiciones de devolución se endurecen. Siendo así una de las causas del subdesarrollo, más que un camino para resolverlo.
Bibliografía
. Ekelund, Robert B. y Hébert, Robert F. Historia de la Teoría Económica y su Método. 3a ed. México, D.F.: McGraw-Hill. 2005.
. Gutiérrez Pantoja, Gabriel. Historia del Pensamiento Económico. México, D.F.: Oxford. 2004.
. Herrerías, Armando. Fundamentos para la Historia del Pensamiento Económico. México, D. F.: Ed. Limusa. 2005.
. Rodríguez, Octavio. La evaluación del pensamiento estructuralista latinoamericano. 2008.
. Trangay Vázquez, Greta. Historia del Pensamiento Económico. Morelia, Michoacán: UMSNH. 2005.
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Editado
14 de diciembre de 2009
Título
Ensayos sobre Historia del Pensamiento Económico Ia Edición 500 Ejemplares
Colección
“Transformaciones Jurídicas y Sociales en el Siglo XXI” 3ª serie/N°4
Coordinadores de la Colección
Hill Arturo del Río Ramírez
Teresa Maria Geraldes Da Cunha Lopes
María Teresa Vizcaíno López
Coordinador de la Edición y Diseño Gráfico
Luis López Ramírez
Copyright ©: Cuerpo Académico “Derecho, Estado y Sociedad Democrática” Facultad de Derecho y Ciencias Sociales UMSNH
Impreso por: Lulu.com | 3101 Hillsborough St | Raleigh, NC 27607-5436
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