sábado, 28 de enero de 2012

Derecho Sucesorio Derecho Romano


1. Concepto y Objeto de la Hereditas.
A toda sociedad jurídicamente organizada se le ha presentado el problema del destino y distribución de los bienes que deja un difunto. No cabe duda que cuando muere un titular del derecho, algunas de sus atribuciones y relaciones jurídicas se extinguen con él (derechos políticos, derechos derivados de la calidad del marido y similares, algunos derechos reales y familiares) pero hay algunas relaciones jurídicas (derechos de crédito, ciertos derechos reales) que continúan y que debe haber una o varias personas que prosigan respondiendo activa o pasivamente a ellas. Las respuestas posibles a que derechos después de la muerte se transmiten, cuáles no dejan traza, quienes serán los sucesores, quienes los designan, cuánto y qué les corresponde a cada uno de ellos si son más de uno, etcétera; son varias. El derecho romano resolvió estos problemas, en forma autónoma respecto a los otros pueblos de la antigüedad, creando de una manera singular y artificiosa instituciones típicas que le ayudaron a fortalecer la posición del o de los herederos (heres) que a la muerte de un sujeto, devendrían en bloque, titular de sus derechos, es decir, que ocuparían la posición jurídica del de cuius. Esta noción del heredero universal adquisición per universitatem (I.2,97) la ilustraban los romanos en la expresión sucessio in locum defuncti.
Desde épocas muy remotas los romanos concibieron que la posición de heredero (sucessio) se podía adquirir por dos medios:
a) ya fuera por los efectos post mortem de un acto realizado por un sujeto, mientras vivía, por medio del cual iba a remplazarse en todos sus derechos; tal acto producto de una manifestación de voluntad recibió el nombre de testamento, al cual posteriormente se le agregaron otras manifestaciones de voluntad con el objeto de distribuir ciertos objetos, condicionar ciertos efectos, etcétera.
b)  o por la posibilidad de que una o varias personas, sustituyan al difunto en base a las relaciones familiares y gentilicias existentes entre ellos. Estas dos vías sucesorias, la testamentaria y la legítima (ab intestato), existieron en el ordenamiento durante la fase histórica y el derecho clásico, de una manera exclusiva, es decir, siendo incompatible la una con la otra; los romanos expresaron la incompatibilidad de estos dos sistemas con el famoso principio: nemo pro parte testatus, pro parte ere potest. Este principio, como otros que veremos en el curso de la materia de sucesiones sufrió excepciones en el derecho posclásico, en el cual, encontramos otro tipo de sucesión, la vía oficiosa, que no se excluye con la testamentaria.
r
Transmisiones del patrimonio
Mortis Causa <
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A título universal: heredero A título particular: legatario
Adrogatio
ínter Vivos   J
V
A título universal
A título particular
Manus
Modos derivados de .adquirir la propiedad
La romanística moderna ha discutido durante mucho tiempo acerca de la prioridad y primogenitura de las vías testamentarias y ab intestato; no contamos con datos suficientes para inclinarnos por una u otra posición, ambas defendidas por ilustre romanistas, sólo afirmamos, que los dos sistemas eran ya reglamentados por las normas decenvirales.
El derecho hereditario romano tuvo su fundamento en la ley de las XII Tablas, se rectificó y completo posteriormente con el derecho pretorio y con la legislación senatorial y se unificó finalmente en el derecho imperial justinianeo.
El conjunto de bienes y relaciones jurídicas que configuran el objeto de la sucesión, se denomina hereditas, si bien el derecho arcaico la integraban los elementos extra patrimoniales como la sacra, los iura sepulchrorum, etcétera, a partir del derecho clásico comprende bienes sólo de naturaleza patrimonial. El que la sucesión tuviera carácter universal y no particular, no implicaba el que el difunto pudiera disponer de partes de ella a favor de otras personas; o el que las hereditas se dividiera entre varios herederos. El patrimonio hereditario, aes, se dividía en doce unciae.
A. Adquisición de la Herencia.
El derecho postclásico y el derecho justinianeo, crean la distinción entre sucessio in ius y succesio in universum ius (C. 3,33,14 y N. 48 pr). Así, mientras que en el derecho clásico las hereditas era concebida no como una transmisión de derechos del difunto al heredero, sino como una sucesio del heredero en las relaciones inherentes al difunto, en el derecho justinianeo las hereditas es concebida como la transmisión de una universitas, la cual comprende todos los bienes y relaciones de las cuales era el titular el difunto. Por lo tanto sucederá en derecho romano reemplazo en la posición jurídica del difunto. Los herederos podían ser, desde época muy antigua tanto hombres como las mujeres, quienes devenían no sólo sujetos activos sino pasivos de los derechos inherentes al difunto, es decir, el heredero sucedía también al aes alienum (lo que se debe), el incommodum (las desventajas), etcétera, por lo que podían ser herederos de una herencia damnosa (con más deudas que créditos), ya que había confusión de patrimonios que respondían entonces con sus propios bienes (ultra vires hereditatis). Para atenuar los efectos de la herencia damnosa el derecho romano fue otorgando ciertos remedios:
a) Si el heredero era un heres suus (heredero de sí mismo) no podía rechazar la herencia, era un heredero forzoso, pero el pretor le otorgó beneficium abstinendi, con el cual logra , el abstenerse de ser heredero, rechazar las acciones de los acreedores y en todo caso que fueran éstos quienes se quedaran con la masa hereditaria íntegra. La repudiación de la herencia debía ser total e incondicional.
b)  Si el heredero era el propio esclavo manumitido (heres necessarii), no podía en un principio abstenerse de los efectos de la herencia damnosa; posteriormente el pretor le otorgo el ius separationis, es decir, logró el privilegio de tener otro patrimonio para sus adquisiciones futuras. Sin embargo en caso de quiebra, ésta se tramitaba a nombre del esclavo.
c) Si los herederos eran extraños (heredes extranei vel voluntari) podían rechazar la herencia; en caso de aceptarla, la aceptación podía ser expresa (aditio) o tácita (gestio pro herede). La aditio es un acto jurídico que implica por un lado la capacidad de obrar (no la tienen ni los locos ni los
infantes, los impúberes sólo pueden adir cin la autorictas de su tutor). Hasta Teodosio II y Valentiniano III no se podía adir por representación (. 6, 30,18). La aditio no se podía hacer sujeta a término ni a condición.
En tanto el heres extraneus no aceptaba, la herencia quedaba yacente (hereditas iacet); para proteger a los acreedores o legatarios, se les concedió la facultad de pedir que se impusiera un plazo al heredero para adir la herencia si es que el propio testador no lo había fijado. El término más largo fue de nueve meses y fue concedido por Justiniano. El silencio durante el período fijado se considera como aceptación.
Justiniano (N. 1,2,3,) estableció a favor de todo heredero la facultad de hacer un inventario de la herencia y separarla en caso de quiebra, quedando librado el patrimonio del heredero (beneficium inventarii).
Ius adcrecendi. Ya se trate de herederos legítimos o testamentarios se puede presentar el caso, cuando son varios, de que alguno de ellos no llegara a adquirir su parte (por repudiación, incapacidad, etcétera), esa parte no adquirida, aumentará las cuotas de los herederos que si lleguen a aceptar la herencia en proprción a la parte de cada uno; este crecimiento recibe el nombre de ius adcresendi, derecho que puede ser establecido por el testador o por la ley.
B. Situación Jurídica del Heredero.
El heredero colocado en el lugar del de cuius en los derechos y obligaciones que a éste pertenecía, no siempre quedan en la misma situación del que sucede, a saber:
a) Los derechos personales (tutela, patria potestad, etcétera) se extinguen.
b) Algunos de los derechos reales (uso, usufructo, habitación), se extinguen con la muerte del titular.
c) Diversas relaciones contractuales (sociedad, mandato), se extinguen.
d) Algunas de las acciones procesales (vindictam spirans) se extinguen.
e) Se extinguen por confusión, los créditos o derechos que el heredero y el de cuius tucieran recíprocamente.
C. Medidas Procesales del Heredero.
Para reclamar sus derechos el heredero goza según el caso de las siguientes medidas procesales.
a) La actio reivindicatio cuando trata de obtener la posesión de los bienes sobre los que el difunto hubiera tenido la propiedad quiritaria.
b) La actio publiciana, para reclamar los objetos de los cuales tuviera la propiedad bonitaria.
c) La actio confesoria y la actio negatoria para tutelar servidumbres.
d) La actio petitio hereditaris para reclamar la herencia en total si se trataba de heres.
e) El interdictum quórum bonorum, para reclamar la bonorum posessio.
2. La Sucesión Testamentaria.
La institución jurídica a través de la cual se logra la sucesión testamentaria es el testamento. El testamento romano fue en una época el negocio más importante de la vida social y jurídica de Roma, tanto en el campo privado como en él público. Podemos definir el testamento como el acto solemne de última voluntad en el que se instituye heredero o herederos.
La institución del heredero es la razón de ser del testamento romano (Gayo I. 2,29,9) las demás disposiciones que de éste emanen: manumisión de esclavos, legados, nombramiento de tutores, etcétera, dependen de la aceptación del heredero, las cuales quedarán sin eficacia en caso de que el heres faltara o rechazara la herencia. Cabe hacer notar que este concepto de testamento no encuentra equivalente en el derecho moderno, en el cual el testamento es una pura y simple disposición patrimonial y no requiere forzosamente la institución del heredero.
A. Testamenti Facti Activa o Pasiva.
La capacidad para hacer testamento y para ser denominado heredero testamentario se denomina testamenti factio; activa la del testador, pasiva la del heres.
a) Testamenti factio activa. Carecen de la testamenti factio activa los locos, los impúberes, los sordos y los mudos (en el derecho clásico), los esclavos, los extranjeros. Los capiti diminutio, los filii familias, las mujeres, los pródigos y los cautivos. En el derecho justinianeo son incapaces de testar también los reos y los apóstatas.
La testamenti factio activa debía tenerse en el momento de hacer el testamento y en el momento de su apertura.
Las excepciones a los casos expuestos son los siguientes:
i) El filius familias podía testar respecto a su peculium castrense, posteriormente se amplió al peculium cuasi castrense Justinianeo (N. 118), al equiparar la condición del filii familias a la de los pater familias les da la posibilidad de hacer testamento válido.
ii) Los latinos podían testar, siempre que no fueran latinus iunuanus (G. I.1,23)
iii) Los esclavos públicus populi romanipodúan disponer la mitad de su patrimonio.
iv) El testamento hecho por el captivus que moría en prisión era válido. La Lex Cornelia introdujó la ficción de que había muerto en el último momento de ser libre.
v) Las mujeres que tenían el ius liberorum tenían plena capacidad de testar.
b) Testamenti factio pasiva. Carecían de la testimenti factio pasiva: los peregrinos, los latini iuniani, los junianos, los dedicticios, las personas inciertas, las mujeres (hasta el derecho justinianeo), las personas morales o jurídicas (hasta Constantino), los herejes y apóstatas (a partir de Justiniano).
La capacidad de suceder debía tenerse en el momento de hacer el testamento, en el momento de ofrecerse la sucesión al heredero (delatu) y en el momento que aceptara (aditio)
B. Formas del Testamento Romano.
Las formas más antiguas de testamentos romanos que se conocen según Gayo (I.2,101) el testamentum calatis comitis y el testamentum in procinctu.
a) Testamentum calatis comitis. Se celebraba dos veces al año (el 24 de marzo y el 24 de mayo), tenía lugar ante el pueblo reunido en comicios curiados. Debido a la publicidad de este testamento, a la posibilidad dual de su realización y a la decadencia de esos comicios, el testamento calatis comitis cayó en desuso.
b) El testamentum in procinctu. Se hacía ante el ejercito antes de salir a batalla.
c)  Testamentum per aes et libram o mancipatorio. Gayo (I.2,102), se refiere a una tercera forma de testamento que tuvo un desarrollo singular. Quien sentía que la muerte se aproximaba y no había hecho testamento acudía a un amigo a quien le vendía ficticiamente sus bienes, rogándole que dispusiera de ellos como él le dictaba. El adquiriente (familie emptor) adquiría los bienes en propiedad a través de la mancipatio; de esta práctica se desarrolló el testamentum per aes et libram, o mancipatorio, que se hacía ante los cinco testigos, el libripens y probablremente se escribía sobre tablas de madera cubiertas de cera. Si bien este testamento podía hacerse en cualquier oportunidad, no dejó de tener el defecto de la publicidad y por ser un acto bilateral, podía ser revocable. A pesar de estos inconvenientes, dicho testamento se usó largo tiempo.
Poco a poco se introdujeron nuevas prácticas en la realización de este testamento, algunas por el propio ius civile: el familie emptor no devenía propietario de los bienes sin sólo depositario o mandatario, los testigos aunque invitados a leer las tabulae no las leían, etcétera; pero fue el pretor (E.P. Tít. XXV, 152), quien al acordar la bonorum posessio a las personas indicadas como herederas en cualquier material formado por siete testigos, si el difunto tenía la testamenti factio activa, independientemente de que tal escritura se hubiera dado en una mancipatio, quien creó una nueva forma testamentaria.
d)   La bonorum possessio secundum tabulas. Llamada por los romanistas modernos testamento pretorio, podía ser invalidada por el ius civile si los herederos legítimos reclamaban. Un rescripto de Antonio Pío concedió a los bonorum posesores la exceptio doli mali (Gayo I. 12, 120; 147 a 149) para que rechazaran las pretensiones de los herederos del ius civile.
e) Testamentu tripartitum. En el periodo grecorromano el testamento per aes et libram por desuso o abolición había desaparecido (C. T h. 4.4), los emperadores Teodosio II y Valenriniano III (año 439) introdujeron una nueva forma de testar: el testamento tripartitum, que deriva de tres fuentes y consta de tres partes: del derecho civil antiguo, del derecho pretorio y de las constituviones imperiales y en el cual además del texto, debe contener las declaración expresa de siete testigos (subscriptio) los requisitos de este contrato son la unitas actum y la presencia de los siete testigos.
f) Testamentum apud acta. En el derecho posclásico encontramos también el testamento oral o nuncupativo, que requiere solamente que el testador manifieste ante testigos su voluntad: el testamento apud acta (judicial o municipal).
g) Testamentum principe oblatum (C. 6,23,19). Presentado ante el príncipe. La función que desempeñan la autoridad o el emperador era igual a la que tenían los testigos en el derecho clásico.
h) Testamentos extraordinarios. En el derecho justineaneo además del testamento tripartito y de las dos formas de testamento público señaladas, se permite testar sin formalidad a personas que se encuentran en condiciones especiales; la doctrina ha dado en llamar a esos testamentos extraordinari y son:
i) El testamento del ciego. El cual puede manifestar su voluntad ante siete testigos y un notario (tabularius) o frente a ocho testigos.
ii) El testamento celebrado en el campo. Para el cual eran suficientes cinco testigos.
iii) El testamento hecho en época de peste. El que era válido aún cuando la presencia de los testigos no fuera simultánea.
iv) el testamento del padre a favor de los hijos. Que podía ser verbal, siempre que lo atestiguaran dos personas, o escrito y en este caso sólo requería que el testador de puño y letra escribiera el nombre de los herederos y la fecha (N. 107,1).
v) El testamento hecho a favor de la Iglesia o de las piae causa. Que era válido cualquiera que fuera la forma en que se redactara (C. I,2,25; 26).
vi) Testamentum militis. Mención especial merece el testamentum militis, que en su evolución nos muestra un régimen especial a los otros testamentos; excepciones y privilegios que lentamente se fueron implantando en los testamentos ordinarios y que marcan un preludio al espíritu de la sucesión testamentaria. Esporádicamente desde Cesar, y sucesivamente a partir de Tito, Domiciano, Nerva y con carácter definitivo desde Trajano se permitió a los soldados hacer testamento en la forma que quisieran (D. 29, 1,1). Este privilegio lo tenían los militares en servicio y su eficacia duraba un año.
El testamento militar otorgaba además, privilegios en cuanto al contenido, entre ellos, los siguientes:
i) El filius familias militar. Puede testar válidamente respecto a su peculium castrense (aunque carezca de la testamenti factio activa según el ius civile).
ii) El militar puede testar a favor de los peregrinos, latinos, etcétera (personas que carecen de la testamenti factio pasiva).
iii) El militar puede disponer en su testamento de sólo parte de sus bienes y dejar que el resto pase a sus herederos por vía legítima, rompiendo así con el principio nemo pro parte testatus, etcétera.
iv) El militar puede testar bajo condición resolutoria o a término, en contra de la regla: semel heres semper heres.
v) El militar no está obligado a instituir formalmente al heredero.
vi) Los legados dispuestos en el testamento no están sujetos a las reducciones que marcaba la Lex Falcidia.
En el derecho justineanneo, el testamentum militis no tiene ya ese carácter excepcional, en parte porque algunos de los privilegios señalados ya eran comunes a todos los testamentos y en parte porque las condiciones del Estado y de la milicia romana-helénica así lo requerían. Por lo demás el testamento militar sólo podían hacerlo los militares mientras se encontraban en operaciones bélicas (in expeditionibuis occupati), no en servicio de guarnición.
C. Contenido del Testamento.
La institución de uno o más herederos, es la parte fundamental e imprescindible del testamento romano. Si se instituyo un solo heredero (heres ex asse) adquiere toda la hereditas, pero si el difunto nombró varios herederos se podían presentar las siguientes situaciones:
a)  Que no se les hubiere designado la parte correspondiente a cada uno; en cuyo caso, el patrimonio se dividía en partes iguales (concursu partes fuint).
b) Que se les hubiere designado las partes, en consecuencia cada uno adquiere el patrimonio en la medida deseada por el difunto.
c)  Que se hubiere designado una parte a algunos herederos y a otros no. Si hay residuo, además de la parte asignada, se distribuye entre los herederos sine parte. Si no había residuo, no se consideraba que se quisiera dejar al heredero instituido sin parte, por lo que los jurisconsultos romanos distribuían en veinticuatro onzas (duponduim) o en treinta y seis onzas (triponduim) y asignaban el residuo a los herederos instituidos sine parte.
D. Modalidades a las que puede estar sujeta la Institución del Heredero.
La institución del heredero podía estar sujeta a ciertas, modalidades; a saber:
a)  Condición suspensiva. En este caso no hay delación de la herencia hasta que se haya verificado la condición. Si el instituido muere antes de que se cumpla la condición, la delación no tiene efecto. El derecho pretorio concedió la bonorum possessio provisional durante el estado de pendiete conditione, siempre y cuando diese una caución y prometiese restituir la herencia si no se realizaba la condición; si muriese antes de que se cumpliera o al cumplirse no tuviera la testamenti factio pasiva. Tal caución recibió el nombre de quien la sugirió, cautio Muciana (D. 35,1,7 pr.), las condiciones imposibles no afectan la validez del testamento, pero si se tiene por no puestas.
La institución del heredero sujeta a término suspensivo o resolutorio no era, admisible en derecho romano (excepto en el testamentum militis).
b) Modo. El heredero puede adir la herencia, pero debe ejecutar el encargo; de no hacerlo puede ser obligado por el tercero a cuyo favor haya sido impuesto el gravamen, por los coherederos o por los substituidos; faltando estos, el gravamen, en el derecho clásico no tenía eficacia jurídica, pues los sucesores ab intestato no podían coaccionar. Justiniano permitió la intervención judicial (D. 33,1,7).
E. Sustituciones en el Testamento.
El testador puede en el testamento, después de haber instituido heredero, insistir subordinadamente a otro u otros para el caso de que el primero no adquiera la hereditas; esta sustitución recibe el nombre de vulgar (C. 6,26,28). Existía también la sustitución pupilar que se presentaba cuando el pater familias nombraba heredero al propio filius familias impúbero, para el caso de que éste muriera antes de haber llegado a la pubertad; si por lo contrario el hijo llegaba a la pubertad la sustitución pupilar perdía eficacia, pues entonces el filius familias ya podría designar su propio heredero.
Justiniano introdujo la sustitución cuasipupilar o ejemplar, que es la designación hecha en nombre de un descendiente enfermo mental, sin intervalos de lucidez, para el caso de que éste muera en estado de locura.
El testamento además de la institución del heredero, puede contener manumisiones de esclavos, nominación de tutores, legados y fideicomisos.
Legados.
El legado es la disposición hecha por el testador en un testamento o codicilio adjunto a aquél, en el cual se asigna a determinada persona cierta cantidad del patrimonio, sin conferirle el título de heredero (D. 30,116, pr.). El origen de los legados se remonta según Gayo (I. 2,224) de las XII Tablas.
Mientras que el heredero sucedía a título universal el legatario recibía la liberalidad a título particular.
Si bien en el derecho preclásico el objeto del legado debía formar parte del patrimonio de la hereditas, a partir del derecho clásico se permitió constituir legados sobre bienes del heredero o de un tercero.
En la institución del legado encontramos por lo menos tres personas: el difunto, o sea el causante, el gravado con el legado o sea el que debe cumplirlo y el beneficiario, es decir el legatario. El causante debía tener la testamento factio activa en el momento de la celebración del testamento y en la de su muerte.
El legatario debía gozar de la testamenti factio pasiva igual que el heredero. Si todos los herederos eran gravados con un legado, cada uno debía satisfacerlo proporcionalmente a su cuota hereditaria. Si por lo contrario el legado se imponía nominalmente a algunos, la carga se divide entre ellos en partes iguales (D. 30,21).
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