sábado, 28 de enero de 2012

Las obligaciones en el Derecho Romano


Concepto y Evolución Histórica de la Obligación.
La obligación es un vínculo establecido por el derecho que nos obliga a cumplir una determinada conducta.
En términos semejantes se define en las Instituciones de Justiniano: “La obligación es un vínculo jurídico por el que somos constreñidos con la necesidad de pagar alguna cosa según las leyes de nuestra ciudad”. (Obligatio est iuris vinculum, quo necesítate adstringimur alicuius solvendae rei, secundum nostrae civitatis iura.) (D. 44, 7, 3 pr)
Al igual que otros conceptos romanos, la obligación sufrió transformaciones a lo largo de su vida jurídica y por tanto se hace necesario seguir su evolución en las distintas etapas históricas.
Según el autor italiano Bonfante el concepto de obligación debió haber parecido en el campo de los delitos. La responsabilidad penal implicaba el sometimiento del infractor, quien quedaba obligatus39; es decir, sometido a la víctima. Tanto el ladrón como el que pedía algo prestado quedaban obligados con su propia persona; más que tener un significado patrimonial la obligación implicaba un sometimiento personal. Así por ejemplo, al celebrarse un préstamo solemne por medio del nexum,40 se creaba una dependencia de carácter físico entre acreedor y deudor.
Este sometimiento físico ocasionaba que en caso de incumplimiento el deudor pudiera perder la libertad e incluso la vida, situación por demás primitiva e injusta que fue corregida en gran parte en el año 326 a.C., por la Ley Poetelia Papiria que prohibió la venta y el derecho de dar muerte al deudor incumplido, estableciendo además la circunstancia de que una persona sólo respondiera con sus bienes por aquellas obligaciones que hubiera contraído, salvo que éstas provinieran de un delito.
Es a partir de este momento cuando aparece el concepto de obligación como un lazo o vínculo jurídico entre los sujetos de la misma, por el cual el acreedor tiene derecho a determinada conducta que el deudor debe realizar.
Refiriéndonos al deudor podemos diferenciar dos aspectos distintos de la obligación: debitum o deuda; es decir, el deber de cumplir, y obligatio o responsabilidad, o sea, la sujeción en caso de incumplimiento.
En el nexum, el padre de familia que solicitaba un préstamo adquiría la deuda, pero la responsabilidad en caso de incumplimiento podía recaer en un miembro de su casa, un hijo, por ejemplo, que al celebrarse el contrato era dado como garantía del cumplimiento.
Del verbo latino obligare que significa atar, sujetar Nexum o nudo aludiendo a la sujeción del deudor.
Los tratadistas alemanes del siglo pasado al estudiar estos aspectos de la obligación en alemán, schuld (deuda) y haftung (responsabilidad), -que en el nexum recaía sobre dos personas distintas-, llegaron a la conclusión de que en el momento en que ambos se fusionaron para incidir en una sola persona –el deudor-, nació el concepto unitario de obligación que actualmente conocemos.
Elementos de la Obligación.
La obligación está constituida por distintos elementos, los cuales son indispensables para su configuración.
1. Sujetos
El primer elemento de toda obligación son los sujetos: sujeto activo o acreedor (creditor), que tiene derecho a la conducta del sujeto pasivo o deudor (debitor), quien tiene el deber jurídico de cumplir con ella.
En otras palabras, el acreedor es titular de un derecho personal o de crédito, en virtud del cual se le faculta la conducta de otra persona, la del deudor, quien a su vez debe cumplir con ella. Este derecho personal o de crédito que tiene el acreedor es un derecho subjetivo, ya que implica un facultamiento de conducta. Es también u derecho relativo, en tanto no autoriza la conducta propia sino la ajena, la del deudor, quien debe hacer algo en relación con el acreedor. El derecho del acreedor se puede exigir con una acción personal (actio in personam), y sólo es oponible a una persona específica: a deudor, que es el único que puede violarlo.
Cualquiera de los sujetos de la obligación podrá estar integrado por una o varias personas, lo cual en nada altera su esencia.
Entre los sujetos activo y pasivo existe el vínculo jurídico, que constituye la obligación y que los une.
2.Objeto.
En segundo lugar tenemos al objeto, que es el otro elemento de la obligación, está constituido por la conducta o comportamiento que el deudorm debe observar a favor del acreedor y puede consistir en un dare, facere, praestare, non facere o pati.
El término dare se utiliza para referirse a la transmisión de dominio de alguna cosa; es decir, hacer al acreedor propietario de algo. En la permuta por ejemplo, encontramos un dare, ya que los contratantes se obligan a transmitir la propiedad de una cosa.
El término facere se refiere a toda conducta que consiste en un acto positivo, un hacer, y que no implique la transmisión de dominio de alguna cosa; es decir, que no signifique un dare. Hay un facere en el contrato de prestación de servicios en el que una persona se obliga a realizar algún trabajo a favor de otra.
El término praestare se emplea para aludir al contenido de la obligación en general. De esta manera hablamos de la prestación, ya sea que ésta consista en un dare o en un facere; pero también se utiliza praestare para referirse a algún comportamiento distinto de los anteriores, como cuando una persona se obliga a garantizar una deuda ajena.
Por otro lado, la conducta negativa del deudor configurada por un non facere o un pati consiste en un abstenerse de algo; es decir, no hacer o tolerar algo. Un ejemplo sería el contrato de arrendamiento en el cual el arrendador no debe obstaculizar al arrendatario en el uso de la cosa arrendada.
La prestación, objeto de la obligación, debe reunir ciertos requisitos: ha de ser posible tanto física como jurídicamente. Nos encontramos con la imposibilidad física, por ejemplo, cuando se vende una cosa que ya no existe; la imposibilidad jurídica surge si se vende algo que esté fuera del comercio.
La prestación además. Debe ser licita, no debe contrariar a la ley ni a la moral o las buenas costumbres y, finalmente, debe ser determinada o determinable y valorable en dinero.
Fuentes de las Obligaciones.
Se entiende por fuentes de las obligaciones a los hechos jurídicos de donde ellas emanan.
En sus instituciones, Gayo nos señala que las fuentes de las obligaciones son dos: el contrato y el delito (Gayo, 3,88) entendiendo por contrato el acuerdo de voluntades sancionado por el derecho civil, pudiendo manifestar estas voluntades mediante palabras (verbis), por escrito (litteris), por la entrega de una cosa (re) o por medio del consentimiento (consensu) (Gayo, 3,89).
Lo anterior nos proporcionará la base para una futura clasificación de los contratos en relación con su perfeccionamiento.
Por lo que se refiere a las obligaciones que nacen de un delito, no se agruparan en varios géneros sino que formarán uno sólo, ya las nacidas del que efectuarse un hurto, arrebatara violentamente bienes (rapiña), causase cualquier clase de daño o bien cometiese una injuria, son todos hechos contrarios al derecho que traerán como consecuencia la obligación de reparar el perjuicio ocasionado (Gayo, 3, 182).
Obviamente estas dos figuras señaladas por Gayo como fuentes de las obligaciones no cubren todas las posibilidades de las mismas, puesto que nos vamos a encontrar con obligaciones que tiene como origen otras causas.
Cabe hacer la aclaración que en el Digesto, al citar Gayo, esta clasificación aparece ampliada con otra fuente “por distintos tipos de causa”, ampliación atribuida al autor en su obra Las cosas Cotidianas (D.44,7,1).
Otro jurisconsulto Modestino, nos habla también de aquellos actos que traen como consecuencia obligaciones y así afirma que se pueden contraer “por recibir una cosa o por unas palabras o por las dos cosas a la vez, o por el consentimiento, o por la ley, o por el derecho honorario, o por necesidad, o por cometer una falta” (D.44,7,52).
No es sino hasta las Instituciones de Justiniano cuando nos encontramos con una verdadera sistematización en la clasificación de las fuentes de las obligaciones, las cuales son agrupadas en cuatro grandes categorías: “las obligaciones o nacen de un contrato o de un cuasicontrato o de un delito o de un cuasidelito” (Sequens divisio in quatuor species deducitur. Aut enim es contractu sunt aut quasi ex contractu; aut ex maleficio aut quasi ex maleficio)(Inst. 3.13,2).
Esta clasificación justinianea tiene la cualidad de señalar de forma definitiva cuales son las principales fuentes de las obligaciones, pero adolece del defecto de que dentro de ellas no quedan comprendidos todos los hechos que pueden dar origen a una obligación, hechos que por ningún motivo fueron desconocidos por Justiniano y que fue enumerado a lo largo de su obra.
Siguiendo la clasificación justinianea, vemos que se entiende por:
1. Contrato.
El acuerdo de voluntades entre varias personas que tiene por objeto producir obligaciones civiles.
2.Delito.
Es un hecho contrario a derecho y castigado por la ley.
3.Cuasicontrato.
Es una figura muy parecida a la del contrato en cuanto produce consecuencias semejantes a él, pero nos encontramos con que carece de uno de los elementos esenciales de todo contrato; el consentimiento de los sujetos.
4. Cuasidelito.
Es un hecho ilícito no clasificado entre los delitos.
Otras Fuentes de las Obligaciones.
Independientemente de la clasificación anterior y como ya se ha señalado, observamos que en su obra Justiniano también reconoce como fuentes de las obligaciones a:
A. Los pactos. Se entiende por pacto el hecho de que dos o más personas se pongan de acuerdo respecto de un objeto determinado, sin existir ninguna formalidad de por medio, teniendo que distinguir entre:
a.- Pactos nudos y Pactos vestidos.
Entendemos por pactos nudos aquellos que producirán obligaciones de carácter natural y que no se encuentran protegidos por ninguna acción, aunque debemos tener presente que estos pactos sí podían dar lugar a una excepción; Esta excepción equivalía a un primer paso para lograr la protección procesal.
Los pactos vestidos, son aquellos pactos que si gozan de una acción para su protección jurídica; entre ellos es posible distinguir tres categorías:
a.- Pactos adyectos. b.- Pactos pretorios. c.- Pactos legítimos.
a.- Estamos en presencia de pactos adyectos, en aquellos casos en los cuales el Juez, tomando en cuenta la intención de las partes, en los contratos de buen fe dotaba de protección procesal al pacto celebrado entres los sujetos para modificar los efectos del contrato.
b.- Los pactos pretorios se dan en aquellos casos en que el pretor concedía protección procesal a través de acciones y excepciones a determinado pacto nudo.
c.- Los pactos legítimos son aquellos que se encuentran protegidos procesalmente por disposición expresa de alguna constitución imperial.
B.  La Ley. Cuando el sujeto se encuentra en el supuesto previsto por determinada disposición legal, tiene forzosa y necesariamente la obligación de cumplir con lo señalado por el ordenamiento, como en el caso de las obligaciones que deriven de la paternidad.
C. La sentencia. Desde el momento en que existe un litigio, las partes que en él intervienen quedan obligadas a cumplir con la sentencia que en el mismo dicte la autoridad correspondiente.
D.    Declaración unilateral. Es aquella promesa hecha espontánea y libremente por una persona de forma unilateral o bien a la ciudad o bien al templo, en cuyo caso hablamos de Pollicitatio votum, respectivamente.
Extinción de las Obligaciones.
Cuando una obligación se extingue se disuelve el vínculo existente entre acreedor y deudor. Los modos extintivos de las obligaciones son los hechos a los que el derecho objetivo otorga esa función.
El modo normal de extinguirse una obligación es el pago o cumplimiento realizado por el deudor; esto es, la ejecución de la prestación debida. Sin embargo, existen otros hechos que sin implicar la ejecución efectiva de la obligación, tienen el efecto de liberar al deudor.
Por otro lado, en el Derecho romano antiguo se exigió que para extinguir una deuda el deudor realizara un acto solemne para dar por cancelada la relación. Este acto llamado actus contrarius, era similar a aquel que se había llevado a cabo al contraerse la obligación, así, si la obligación había nacido por medio del cobre y la balanza (per aes et libram), así también debía ser extinguida. La forma para realizar el actus contrarius fue la acceptilatio, por la cual el acreedor reconocía haber sido pagado. En el Derecho justinianeo la aceptilatio sirvió para condonar formalmente una deuda.
Con la desaparición de los negocios solemnes dejó de usarse el acto contrario. De esta manera, a finales de la época republicana los modos extintivos de las obligaciones se clasificaron en dos grandes grupos: modos extintivos que operan ipso iure y modos extintivos que operan ope exceptionis.
La distinción anterior se refiere al momento en que se hacían valer; los modos extintivos que operan ipso iure podían alegarse en cualquier momento del juicio y extinguían la obligación de forma automática y de pleno derecho.
Los modos extintivos que operan ope exceptionist, tenían eficacia si se intercalaban como excepción en la fórmula.
La clasificación tiene relevancia para la época del procedimiento formulario; más tarde y ya en el derecho justinianeo, todas las causas de extinción de las obligaciones cobraron la misma eficacia.
1. Modos extintivos que operan ipso iure.
Los modos extintivos que operan ipso iuire, son: el pago, la novación, la confusión, la pérdida de la cosa debida, el mutuo disentimiento, el concurso de causas lucrativas y la muerte o capitis deminutio del deudor.
A. Pago.
El pago o cumplimiento, solutio en latín, es el modo normal de extinguirse la obligación.
El pago se refiere no solo a la entrega de una cantidad de dinero, sino a todo cumplimiento de la prestación, cualquiera que ésta fuera. Hay que recordar que la prestación objeto de la obligación , podía consistir en un: dare, facere, praestare, non facere o pati.
En relación con el pago debemos distinguir los siguientes elementos; quién lo hace, a quién lo hace, cómo, dónde y cuándo.
En primer lugar, el pago debe hacerlo el deudor, pero también su representante, salvo en los casos en que se hubieran considerado especialmente las cualidades personales del deudor y se exija que sea él, precisamente, quien cumpla con la prestación.
En segundo lugar, el pago debe hacerse al acreedor o a un representante suyo; tutor, procurador, mandatario, etcétera.
En cuanto a la forma de hacer el pago, ésta debe coincidir con el contenido de la obligación. Sin embargo, el deudor puede cumplir con una prestación distinta, siempre que el acreedor de su consentimiento. A esta modalidad del pago se le llama dación el pago (datio in solutum).
Si un deudor tiene varias deudas con el mismo acreedor y al entregar una cantidad no dice a qué deuda debe aplicarse, la imputación del pago se hacía de la manera siguiente: primero a los intereses, después a la deuda vencida y finalmente a la más onerosa o a la más antigua; a falta de lo anterior, el pago se imputaba proporcionalmente a cada una de las deudas.
En lo que toca al lugar en donde debe de hacerse el pago, si nada se hubiera dicho al momento de nacer la obligación, se aplican las siguientes reglas: si se trataba de cosas inciertas o de cosas fungibles el cumplimiento debía hacerse en el domicilio del deudor, donde el acreedor podía reclamarlo judicialmente; si se trataba de la entrega de un inmueble o de otra cosa cierta, el lugar era aquel en donde estuvieran los bienes.
En lo que concierne al tiempo del pago, si no lo hubieran establecido las partes, se aplicaba la regla de que la prestación se debe desde el día en que nace la obligación, pero considerando la naturaleza de la prestación, el deudor debía cumplir cuando razonablemente pudiera hacerlo, circunstancia que podía aparecer cuando se hubiera señalado un lugar especial para el cumplimiento o cuando se tratara de la realización de una obra, construir una casa por ejemplo.
B. Novación.
Ya sabemos que la novación es la sustitución de una obligación por otra. En lugar de la antigua obligación surge una nueva, al modificarse uno de los elementos de la primera. La nueva obligación extingue la antigua.
La novación puede afectar a los sujetos o al objeto.
En el primer caso, estaríamos frente a una transmisión de crédito o de deuda, que ya conocemos.
En el segundo, la nueva obligación debía contener algo nuevo, ya fuera un cambio en el lugar o tiempo del cumplimiento, o que se agregara o se quitara una condición, etc.
Para que existiera novación las partes deberían declararlo expresamente.
C. Confusión.
La confusión, como modo extintivo de obligaciones consiste en que coincidan en una misma persona las calidades de acreedor y deudor, por ejemplo como consecuencia de una herencia, en la que el deudor fuera heredero del acreedor o viceversa.
D. Pérdida de la cosa debida.
Si el objeto de la obligación fuera una cosa específica y se perdía por alguna causa no imputable al deudor, la obligación se extinguía.
E. Mutuo disentimiento.
El mutuo disentimiento o consenso contrario opera en relación con las obligaciones nacidas de contratos consensuales, que son los que cobran eficacia por el sólo acuerdo de voluntades de las partes; el mutuo disentimiento debe darse antes de que una de las partes cumpla con su prestación.
F. Concurso de causas lucrativas.
Existe cuando el acreedor adquiere, por diferente causa, el objeto específico que se le adeuda.
La adquisición, por título diferente, de la misma cosa, extingue la obligación, pues no es posible que ésta recaiga sobre lo que ya está en dominio del acreedor.
Lo anterior podía suceder si en un testamento por ejemplo, se ordenaba al heredero entregar un objeto específico a un legatario, y el objeto entraba a su patrimonio por otra causa, antes de que el heredero hubiera podido cumplir el encargo.
G. Muerte o Capitis diminutio del deudor.
Algunas obligaciones se extinguen por la muerte de uno de los sujetos. Este es el caso de las obligaciones que nacen de delitos, y de algunos contratos, la sociedad y el mandato, por ejemplo, como veremos más adelante.
La capitis deminutio, incluso la mínima, también podrá ser causa de extinción de las obligaciones.
2. Modos Extintivos que operan Ope Exceptionis.
Los modos extintivos que operan ope exceptionis son: la compensación y el pacto de non petendo.
A.      Compensación.
En la compensación encontramos la extinción simultánea de dos deudas, hasta por su diferencia.
Esta figura aparece cuando el deudor opone al acreedor un crédito que tiene a su vez en contra de éste.
Era necesario que: Las dos deudas estuvieran vencidas., es decir que fueran exigibles. Que ambas fueran líquidas, esto es, determinadas o determinables.
Que ambas fueran válidas, o sea que no hubiera excepción que se pudiera oponer en contra de cualquiera de ellas.
Determinados créditos quedaron excluidos de la compensación, tales como los fiscales y los referentes a pensiones alimenticias.
B. Pacto de non petendo .
El pacto o acuerdo informal de remisión o perdón de deuda; extingue cualquier obligación siempre y cuando se intercale como excepción en la forma respectiva.
Antes de concluir con el tema de extinción de las obligaciones, es necesario agregar que para algunos tratadistas el transcurso de treinta o cuarenta años, duración máxima del derecho de acción para procesos civiles, constituye también un modo extintivo. Sin embargo, creemos que en este caso lo que se extingue por prescripción es el derecho de acción, pero no la obligación que solo se convierte en natural.
Contrato.
Ya señalamos que la fuente principal de las obligaciones es el contrato, entendido como el acuerdo de voluntades destinado a crear una o varias obligaciones sancionadas por una acción judicial. Vemos, pues, que en el fondo de todo contrato existe siempre un pacto; esto es, el hecho de que dos o más personas se pongan de acuerdo respecto de un objeto determinado aunque no todo pacto va a convertirse siempre en contrato. Para que este simple acuerdo de voluntades tenga validez jurídica es necesario que esté sancionado por el legislador mediante una acción determinada.
En este orden de ideas, vamos a encontrarnos con que los diversos contratos que existen en el ámbito jurídico, todos ellos tendrán en común una serie de elementos generales o esenciales sin los cuales no podríamos hablar de uno u otro contrato. A través del desenvolvimiento histórico, en una época algunos de estos elementos han tenido una mayor importancia que otros; así, por ejemplo, en una primera etapa el formalismo en todo negocio jurídico era excesivamente estricto, pero con posterioridad el aspecto subjetivo va adquiriendo más relevancia.
Elementos del Contrato.
Los elementos que integran todo contrato pueden ser divididos en dos grupos: esenciales o comunes a todos los contratos, y elementos accidentales, que pueden existir o no en el contrato.
1. Elementos esenciales del contrato. Estos elementos son cinco:
A. Sujetos
B. Consentimiento
C. Objeto
D. Causa
E. Forma
A.- Sujetos.
Son las partes que intervienen en un negocio jurídico que por regla general coinciden con los sujetos de la obligación.
Nos encontramos aquí con el problema de si es posible que en un negocio jurídico pueda figurar un tercero como beneficiario, al lado de los dos sujetos.
Esta situación en un principio no era posible, pues los efectos del negocio jurídico deben recaer sobre los propios sujetos.
Posteriormente se admitió que las partes que intervienen en un contrato pudieran tener interés en que los efectos del mismo recayeran a favor de una tercera persona, pero ésta carecía de una acción para reclamar, puesto que no había intervenido directamente en el negocio, situación que se obviaba, pactando una pena convencional en caso de incumplimiento.
No es sino hasta el derecho justinianeo cuando, en los casos especiales, se le concede al tercero acción para reclamar el beneficio del contrato en el que no había intervenido.41[1]
411Una vez estudiadas las etapas históricas por las que transitó el pueblo romano, así como las fuentes que dieron origen a su derecho en los diversos periodos, nos referiremos ahora a los conceptos o términos jurídicos más usados por ese pueblo y a la clasificación que de su derecho hicieron los propios romanos
2Esta situación del contrato a favor de terceros –que en la actualidad ha tenido gran desenvolvimiento-, implica una serie de problemas, pues desde el momento en que el tercero puede reclamar, ¿significa esto que los sujetos no puedan revocar lo contratado?
Otro problema existente en relación con el elemento sujetos es el que se refiere a la representación jurídica, concepto perfectamente conocido por los romanos, pero al que se mostraron muy reacios de llevar a su aplicación práctica, ya que lo normal es que el negocio jurídico produjera efectos solo entre las partes que intervinieran de forma directa en él. Es precisamente la excepción lo que hizo necesario la creación de la figura de la representación.42
La representación implica la intervención de una persona ajena a los sujetos. Así, es menester contemplar cuales pueden ser las posibles formas de actuación de esta persona, de modo que vamos a encontrarnos con que existen dos tipos de representación: Una directa y otra indirecta.
En la representación directa, el acto jurídico realizado por el representante produce consecuencias sobre el patrimonio del representado. En la indirecta, el representante realiza actos jurídicos de consecuencias para su propio patrimonio, pero las cuales con posterioridad repercuten sobre el patrimonio del representado.
Desde el punto de vista procesal, ya sabemos que el sui iuris podía ser representado por un cognitor, siguiendo todas las solemnidades del caso y en presencia de la otra parte, o bien por un procurator, en cuyo caso no sería necesaria la observación de tales solemnidades.
Por tanto, podrá ser sujeto de contrato toda persona en goce de plena capacidad jurídica y que por disposición legal expresa no esté incapacitada para realizar un acto determinado.
Este primer elemento esencial en todo contrato puede estar viciado por determinado motivo, en relación directa con la capacidad o incapacidad de la persona para poder realizar el negocio jurídico.
Las circunstancias que pueden limitar la capacidad de las personas, tienen que ver con la edad, el sexo, la enfermedad mental y la prodigalidad.
En cuanto a los hijos de familia, estos tienen capacidad para contratar en relación con sus peculios, y cuando lo hacer en nombre del pater, también podían obligarse, pero si es con miembros de la propia familia, dichas obligaciones carecían de acción para exigir su cumplimiento, constituyendo uno de los casos de las obligaciones naturales. Si se obligan con extraños, las obligaciones correspondientes podían ser exigidas al terminar la patria potestad, o se podía proceder en contra del pater dando lugar a una trasposición de personas en la fórmula, en la intentio figuraría el nombre del hijo y en la condemnatio el del padre.*
B. Consentimiento.
Hablaremos ahora del segundo de los elementos esenciales, que es el consentimiento, entendido por él la congruencia existente entre las voluntades declaradas por los sujetos, teniendo que existir por tanto una clara y lógica relación de la voluntad de los sujetos y la declaración expresa de la misma. Dicha declaración expresa deberá referirse a los efectos más importantes del contrato.
42 En la actualidad, la representación es una de las figuras más utilizadas y puede emplearse prácticamente en todos los actos de la vida jurídica de una persona, excepto en aquellos actos personalisimos, como votar o testar. * Los esclavos también podían contratar por encargo del pater. Las acciones que el pretor encargaba en dónde éste para reclamarle las obligaciones contraídas por hijos y esclavos se conocen como acciones adyecticcias, nombre, que por otro lado, no es romano, sino que proviene de los glosadores.
C. Objeto.
Sabemos que el objeto de toda obligación es la realización de determinada conducta por parte de uno de los sujetos, consistente en un dar, hacer o prestar.
El objeto deberá ser:
a. Lícito. Esto es lógico, puesto que si el derecho prohíbe las cosas ilícitas, no puede permitir las relaciones contractuales sobre algo viciado de ilícito.
b.  Posible. A la posibilidad debemos entenderla tanto física como jurídica. A su vez esta calidad puede ser abstracta o concreta; es abstracta cuando en el momento de darse no existe aún la posibilidad de su realización (hace años lo sería, por ejemplo, realizar un viaje a la luna). Será concreta cuando en el momento de darse es factible su realización (traducir un libro, por ejemplo).
Esta posibilidad en el objeto se debe dar en el momento de la celebración del contrato, ya que de no ser así, el elemento que nos ocupa estará viciado, lo que traerá como consecuencia la nulidad del contrato respectivo.
c. Apreciable en dinero. Será indispensable que el objeto sea apreciable en dinero, en virtud de que si el mismo perece por algún motivo, dependiendo de su naturaleza, tendrá que ser sustituido por una cantidad de dinero.
d. Determinado. Por último, el objeto debe de ser claramente determinado, porque sólo de esa manera se estará en posibilidad de contraer obligaciones respecto a él. Esto quiere decir que los deberes contraídos por las partes deben estar nítidamente definidos desde que se contrate, o que puedan definirse con posterioridad.
D. Causa.
Se entiende por causa la motivación que tiene toda persona para realizar un negocio jurídico.
Esta motivación debe ser confesable de acuerdo con la ley, ya que podemos encontrarnos con negocios jurídicos clara y evidentemente legales en cuanto a su apariencia, pero que van de manera notoria en contra del espíritu de la Ley, o sea lo que conocemos como un fraude a la ley (fraus legis), por ejemplo, poner a nombre de otros las porciones de terreno que excedan la cantidad que se puede tener de acuerdo con la legislación agraria.
En relación directa con estos motivos de carácter subjetivo de las partes, está la figura de la simulación. En ella, el motivo que impulsa a las partes a la realización del negocio no coincide con el fin del negocio que pretender celebrar. En esta simulación encontramos pues, un negocio simulado, un negocio disimulado y un pacto entre las partes que tendrá validez para ellas en lo que respecta única y exclusivamente al negocio disimulado, como fingir una venta para ocultar una donación que esté prohibida, la venta será el negocio simulado y la donación el disimulado.
Ahora bien, el negocio disimulado no tendrá ningún efecto entre terceros quienes se atendrán única y exclusivamente a los efectos del negocio simulado.
F. Forma.
Es el último de los elementos esenciales y consiste en aquellos requisitos a que debe sujetarse la relación contractual, en otras palabras, es el molde que configura cada contrato. Como consecuencia de esta forma, en caso de incumplimiento de las partes surgirán medios probatorios para ellas.
En Roma, en principio, el negocio jurídico era extremadamente formalista, pudiéndose decir que ésta era la parte más importante de la relación, situación que fue variando al darse una importancia cada vez mayor al elemento consentimiento.
2. Elementos Accidentales del Contrato.
Pueden aparecer o no en el contrato, pero éste tendrá validez sin si existencia, aunque en la práctica vamos a encontrarnos con que siempre se dan. Estos elementos son:
A.- Condición B.- Término C.- Modo o carga
Condición.
Es un acontecimiento futuro de realización incierta. Si de tal realización incierta depende que entre en vigor un negocio jurídico, estaremos en presencia de una condición suspensiva; ahora bien, si de esa condición depende la cancelación del negocio jurídico estaremos ante una condición de carácter resolutorio.
Independientemente de su carácter suspensivo o resolutorio, la condición puede ser de tres tipos: a. Potestativa, b. Casual, c. Mixta.
Será potestativa cuando su realización dependa única y exclusivamente de la voluntad de la persona que deba realizarla; Casual cuando su realización sea independiente de la voluntad del interesado (normalmente dependerá de la realización de un hecho físico). Finalmente, estaremos ante una condición mixta cuando su realización esté sujeta a la voluntad de las partes afectadas, más un acontecimiento ajeno a ellas; dicho acontecimiento puede depender de una tercera persona o de un hecho natural.
Todas estas condiciones pueden ser, a su vez, de carácter positivo o de carácter negativo. Las primeras dependen de la realización del acontecimiento futuro o incierto, y las segundas, de la no realización de ese acto futuro e incierto.
Término
Es un acontecimiento futuro de realización cierta, del cual depende la entrada en vigor o la cancelación de los efectos de un negocio jurídico.
En el primer caso, el término es suspensivo y el negocio tiene efectos a partir de esa determinada fecha (ex die); en el segundo, estaremos ante un término resolutorio y el negocio tendrá efectos hasta esa determinada fecha (in diem).
Modo o carga.
Es un gravamen impuesto a una persona en un acto de liberalidad en una donación, un legado o una manumisión. El beneficiario de la liberalidad deberá realizar cierta prestación a favor del bienhechor o de un tercero. Un ejemplo puede ser la obligación impuesta al donatario de construir un monumento en honor del donante.
En principio, el cumplimiento del modo sólo dependía de la buena fe del beneficiario y no fue sino hasta el derecho justinianeo que se crearon diversas acciones para exigir el cumplimiento.
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