lunes, 30 de enero de 2012

PENSAMIENTO ECONÓMICO ANTIGUO Y MEDIEVAL


Contribuciones de los antiguos griegos
Las semillas del pensamiento económico occidental se ubican en la antigua Grecia. Nuestros modelos de pensamiento, sus reglas y formas de construcción son producto de la revolución científico-filosófica que podemos fechar alrededor de los siglos VII y VI A.C. en las islas del mar Jónio. En el campo del pensamiento económico, lo que Grecia aporta a la economía “fue una aproximación racional a la ciencia social general” (Ekelund y Hébert, op.cit, pág. 16).
Entre el siglo VI a.C. y el siglo II a.C., la Polis o ciudad-Estado forma la clave de la historia griega. La POLIS era una comunidad limitada, independiente y autónoma que exigía la lealtad de sus miembros. Su surgimiento fue dictado por su geografía: Grecia es una región escarpada, pero alrededor de la costa se encuentran planicies pequeñas, que están separadas unas de otras por cadenas montañosas que llegan a ser infranqueables en invierno y son difíciles de atravesar en cualquier ocasión.
La cultura griega surgió en un paisaje fragmentado por fértiles cuencas, cada una de las cuales constituía el centro de un pequeño estado. En su apogeo, Atenas habría llegado a tener una población de 100.000 habitantes, siendo la más grande de todas las polis.
La mayoría de las ciudades de la Grecia Antigua se establecieron como pequeños asentamientos al abrigo de una ciudadela o acrópolis con defensas naturales.
A diferencia de las grandes civilizaciones orientales, de carácter esencialmente continental y agrícola, la civilización griega fue básicamente marítima y comercial.
El componente geográfico fue una causa fundamental, puesto que el relieve accidentado dificultaba los cultivos; simultáneamente, la cercanía de cualquier punto de Grecia al mar y la existencia de numerosas islas favorecían la navegación.
Aún así, durante la época clásica, la agricultura griega se adaptó al relieve existente: en los valles, donde el agua era más abundante, se cultivaban trigo y hortalizas, y en las tierras de las pendientes de las montañas, se cultivaban la vid y el olivo, del cual se obtenía aceite, un producto fácilmente comerciable.
La Grecia del siglo VIII a.C. era una sociedad eminentemente rural, donde la principal riqueza era la propiedad de la tierra. A partir del año 700 a.C., la Grecia comenzó una colonización básicamente comercial a lo largo de la orilla norte del Mediterráneo y toda la ribera del Mar Negro. Una de las principales colonias será Massalia, fundada en el año 600 a.C., hoy transformada en el puerto francés de Marsella.
Sin embargo, otro componente es importante para entender el contexto histórico de producción del pensamiento económico griego: entre el año 500 a.C. y el 300 a.C., la vida política y económica de los helenos estuvo dominada por la guerra. Así, “los pensadores griegos se interesaron principalmente por la eficiencia económica y organizativa y su visión del mundo era antropocéntrica, no mecanicista” (Ekelund y Hébert, op. cit., pág.16).
Los principales autores griegos cuyas aportaciones al pensamiento económico conformaron la base de los modelos occidentales son: JENOFONTE, PLATÓN, ARISTÓTELES Y PROTÁGORAS.
2.1.1. Platón
Platón, el maestro de Aristóteles, amplió el concepto de división del trabajo de Jenofonte a las diversas categorías sociales (división social del trabajo) y puso un gran énfasis en la necesidad de regular la economía para eliminar el beneficio y la usura, a los que consideraba injustos, aunque fueran voluntarios, dentro de una concepción del comercio como juego de suma cero. Platón, también describió un estado estacionario basado en la igualdad de sexos, gobernado por reyes-filósofos, los guardianes, a quienes les estaría vedada la propiedad privada y la vida familiar para impedir que se corrompieran. Excepto en lo que se refiere a este último punto, muchas de las ideas
platónicas sobre el beneficio, la usura y el comercio pasaron a la escolástica; incluso su concepción del comercio como actividad improductiva encontraría ecos en la fisiocracia del siglo XVIII y en la noción de trabajo improductivo de los clásicos y Marx (Sombart 1913: 20; Giner 1982: 52-57, 78; Rodríguez Adrados 1983: 349-359, 408-417; Spiegel 1987a: 935; Ekelund y Hébert 2005: 15-20; Gordon 1995: 74; Finley 1992: 64-83, 133-134; Backhouse 2002: 16-19; Lowry 2003: 13, 18).
2.1.2Aristóteles
Aristóteles nace en Estagira, hijo del médico del rey de Macedonia Amintas II. A los dieciocho años entra en la escuela de Platón, en Atenas, donde permanecerá formándose durante veinte años, hasta la muerte de su maestro. Se retira a una comunidad platónica, en Mitelene, de donde lo llama Filipo de Macedonia para que se encargue de la educación de su hijo Alejandro (Magno). Cuando Alejandro accede al trono, vuelve a Atenas donde funda una academia propia, el Liceo o escuela peripatética.
Aristóteles usó la palabra “economía” para referirse a la administración de la casa y el hogar. Para referirse a problemas que nosotros consideramos económicos, Aristóteles utilizó la palabra griega “crematística”. Sin analizar los problemas económicos en detalle ni estudiar las relaciones entre variables o fenómenos, sí que abordó temas tales como el valor, el dinero y el interés.
Aunque su enfoque es simplemente ético, Aristóteles es el primero en distinguir las diferentes técnicas económicas a usar en el ámbito de empresa y de la familia. Distingue también entre valor de uso y valor de cambio y entre dinero y riqueza. Considera al dinero en dos de sus usos, como medio de cambio y como mercancía útil para facilitar los intercambios.
Identifica la existencia de interés con la usura, que condena éticamente. También trata temas relacionados con la propiedad privada o la esclavitud.
La importancia que podemos dar a Aristóteles en el pensamiento económico se debe exclusivamente a la influencia que ejerció sobre los pensadores islámicos y de la Escuela de Salamanca, que construyeron su pensamiento y sus análisis apoyándose explícitamente en el pensamiento aristotélico.
2.1.2.1. Principales aportaciones de Aristóteles al pensamiento económico 2.1.2.1.1. Aristóteles y la propiedad privada
Entre los temas económicos desarrollados por Aristóteles, uno de los más importantes fue la defensa de la propiedad privada que hizo en la política. Esta defensa fue hecha como una reacción a lo que había planteado anteriormente Platón, quien era un gran defensor del comunismo (por lo menos de las clases gobernantes).
Para Aristóteles, la propiedad privada es superior a la propiedad común principalmente porque su productividad es mayor. Para él cuando los bienes son comunes reciben menor cuidado que cuando son propios. Con esto, el filósofo se transformó en defensor de la existencia de propiedad privada en la sociedad. Esta teoría, sin embargo, no sólo la planteó en términos de productividad: para Aristóteles, el que exista propiedad privada permite a las personas practicar ciertas virtudes. Por ejemplo, sería imposible ser generoso con algo que no es propio. Además, que los bienes tengan dueños regula la relación de las personas sobre su uso.
2.1.2.1.2. El dinero y el valor en Aristóteles
Uno  de  los  temas   más   analizados  por  Aristóteles  en   materia  económica  es   el  dinero.   “El hombre es el único animal que tiene palabra y dinero”, señalaba. Para Aristóteles, el dinero es algo
inventado por el ser humano para satisfacer las necesidades del comercio; es, por lo tanto, algo artificial y no imprescindible para el desarrollo pleno de las personas.
Aristóteles le da tres características propias al dinero, las que son usadas hasta la actualidad:
. Unidad de cuenta (sirve para saber cuáles cosas son más caras que otras).
. Medio de cambio (sirve, por ejemplo, para evitar tener que cambiar cien zapatos por una vaca).
. Reserva de valor (sirve para acumular riqueza en el tiempo).
O sea, para Aristóteles, el dinero es un elemento neutro que puede sustituir cualquier cosa, (producto, bien o servicio) al interior de un intercambio dado.
Si bien este filósofo legitimó el uso del dinero, su préstamo con interés lo consideró antinatural. El dinero es estéril, por lo que no se puede crear dinero a partir de dinero. Esta práctica, según el Aristóteles es equivalente a intentar obtener una ganancia que es ilegítima. Es tal la importancia de este planteamiento que, siglos más tarde, Santo Tomás de Aquino lo hizo suyo, y de ahí en adelante la iglesia Católica, la cual rechazó el préstamo de dinero con interés hasta el siglo XIX. Esto permite explicar, además, que hayan sido principalmente los judíos quienes se dedicaron a la actividad bancaria.
La primera acuñación formal de moneda la realizaron los lidios de Asia Menor a comienzos del siglo VIII a.C. Posteriormente, cada ciudad griega tuvo su propia moneda, aunque la más cotizada era el tetradracma ateniense. Fue precisamente en Atenas donde se desarrolló una mayor estructura capitalista, al existir bancos que prestaban plata y recibían depósitos.
2.1.2.1.3. El valor de las cosas en su precio
Aristóteles ejemplificó el valor de las cosas con la paradoja del hierro y el oro: a pesar de que el hierro es mucho más útil que el oro, éste tiene un valor mayor. La razón fundamental de este hecho es que los bienes más escasos suelen tener un mayor precio, aunque su valor intrínseco pueda ser menor.
Otro de los puntos relevantes de la obra de Aristóteles es que expresa claramente que la riqueza no tiene límites. Esta visión forma parte de la esencia de la ciencia económica, en la que se asume que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Sin embargo, el filósofo diferencia en forma precisa entre riqueza (ploutos) y acumulación de bienes (chrémata); no es lo mismo tener muchos bienes que disfrutarlos. En este punto, Aristóteles usa el ejemplo del rey Midas, quien, según dice la historia, todo lo que tocaba lo convertía en oro. El pobre rey no podía disfrutar de nada, ya que a pesar de tener muchos bienes, le resultaba imposible gozarlos tal como eran. Así se demuestra cómo ser rico no implica tener bienes, sino que la riqueza está en el poder disponer de ellos.
2.1.3. Jenofonte
Jenofonte fue un general y líder político ateniense que luchó en Persia como mercenario, y que pasó gran parte de su vida exilado en la ciudad-Estado de Esparta. Jenofonte (en griego Ssvocprov, 431 a.C. - 354 a.C.) fue historiador, militar y filósofo.
Nace en Atenas en la primera mitad del siglo IV a. C, en el seno de una familia acomodada. Su infancia y juventud transcurrieron durante las Guerras Peloponeso (431-404) en las que participó formando parte de las fuerzas ecuestres. Durante el gobierno de los Treinta Tiranos, Jenofonte se unió a una expedición de mercenarios griegos a Persia conocida como la Expedición de los Diez Mil, contratados por el príncipe persa Ciro el Joven, que se enfrentaba con su hermano mayor Artajejes de Persia. A la muerte de Ciro en la batalla de Cunaxa, la expedición quedó abandonada a su suerte, por lo que se tuvo que abrir paso a través de 1.500 kilómetros de territorio hostil hasta conseguir volver a Grecia. El relato de Jenofonte sobre esta expedición lleva por nombre Anábasis y es su obra más importante.
De regreso a Grecia conoce a Sócrates, haciéndose discípulo suyo y, más tarde entra al servicio del rey espartano Agesilao II, que comandaba un cuerpo expedicionario griego para proteger las ciudades griegas de Asia Menor de los persas (396 a.C). Sin embargo, la alianza griega pronto se rompió y en el 394 a.C. tuvo lugar la batalla de Coronea, en la que se enfrentó Esparta contra una coalición de ciudades griegas la que formaba parte Atenas. Jenofonte tomó parte en la batalla, al servicio de Agesilao, por lo que fue desterrado de su patria. En cualquier caso, los espartanos le distinguieron primero con la proxenía (honores concedidos a un huésped extranjero) y más tarde con una finca en territorio eolio, en Escilunte, cerca de Olimpia, en la que comenzó a escribir parte de su prolífica obra. Aquí se le unió su esposa, Filesia, y sus hijos, los cuales fueron educados en Esparta.
En el 371 a.C. tuvo lugar la batalla de Leuctra, tras la cual los eolios recuperaron los territorios que les habían sido arrebatados previamente por Esparta y Jenofonte tuvo que trasladarse a Corinto. Al tiempo, el poder emergente de Tebas originó una nueva alianza espartano-ateniense contra Tebas, por lo que le fue levantada la prohibición de volver a su patria. Sin embargo, no hay evidencia que Jenofonte retornara a Atenas.
En sus obras se manifiesta hostil hacia la democracia ateniense y se orienta hacia formas más autoritarias, como las que conoció en Esparta y en Persia. Entre sus obras sobresalen Las Helénicas, historia de Grecia que continúa la de Tucídides, y Ciropedia, especie de novela histórica de intención moralizante. Otras obras notables son la Apología de Sócrates, El banquete, Agesilao y Hierón.
Sin embargo, del vasto conjunto de su obra sólo tienen un impacto sobre la conformación del pensamiento económico:
. El Económico (en griego: OIKONOMIKON)
. Los Caminos y los medios
. El Hieron
. La Constitución de los Lacedemonios
La palabra “Economía” fue usada por la primera vez por Jenofonte en su obra El Económico, como un concepto que define las “reglas o normas de la buena administración de la Unidad Familiar de Producción” (=unidad familiar) +Nomos (norma /ley). O sea, es un concepto muy afastado de la actual definición de Economía, que aparece a partir del siglo XVIII.
2.1.3.1. Principales ideas económicas de Jenofonte sobre la organización, valor y división del trabajo
En sus obras, en particular en El Económico, Jenofonte construyó un manual de liderazgo para el individuo, considerado como un polites (un ciudadano), líder militar, administrador de la ciudad-Estado (POLIS) y jefe de familia (jefe del OIKOS): “Un buen administrador se esfuerza por incrementar el tamaño del excedente económico de la unidad que supervisa (por ejemplo, la familia, la ciudad o el Estado). Para Jenofonte, esto se logra por medio de la habilidad, el orden y uno de los principios económicos más básicos, la división del trabajo. Esta se convierte en el eje del crecimiento económico en los escritos de Adam Smith (…) Jenofonte atribuyó un aumento en la cantidad y calidad de los bienes al principio de la división del trabajo. Además, llevó la discusión a un análisis de la relación entre la concentración de la población y el desarrollo de habilidades y productos especializados. Esta intuición se encuentra en la base de la famosa afirmación de Smith de que la especialización y la división del trabajo están limitadas por la extensión del mercado” (Ekelund y Hébert, op.cit, pág. 17).
2.1.4. Protágoras
Protágoras fue originario de Abdera, y discípulo de Demócrito. En su juventud había trabajado como cargador, inventando un cojín llamado tyle que facilitaba el transporte de la carga. Se cuenta a Protágoras entre los creadores del arte retórico, señalándosele como el primero en introducir los razonamientos heurísticos. También se le identificaba como iniciador de la práctica de recibir honorarios a cambio de enseñanzas, siendo éstos particularmente elevados.
Llevó una vida errante, enseñando durante cuarenta años en las distintas ciudades griegas. Se sabe visitó Atenas al menos en dos ocasiones, y Platón lo sitúa, ya de avanzada edad, viviendo en Sicilia. Su relación con los atenienses tuvo dos momentos; uno en que fue bien acogido y mantuvo estrechas relaciones con los círculos de poder de la ciudad, seguido por otro, de repudio y condena.
Bajo el alero de Pericles, Protágoras tuvo gran prestigio entre los atenienses, el cual se vio reflejado en el hecho de que le encargaran la redacción de una constitución para la nueva colonia de Turios, en el año 443 a. C.; texto que estableció, por primera vez, la educación pública y obligatoria. La filosofía de Protágoras encajaba bien con las ideas del círculo gobernante liderado por Pericles, dentro del cual el agnosticismo del sofista no generaba rechazo; pero una vez muerto Pericles, los nuevos líderes de la ciudad dejaron de lado la actitud tolerante.
Diógenes Laercio afirma que los problemas comenzaron para el sofista cuando leyó, en casa de Eurípides (o de Megaclides), su libro Sobre los dioses, en el cual señalaba desconocer la existencia o inexistencia de seres divinos. A raíz de ello fue acusado de impiedad por Pitidoro, hijo de uno de los Cuatrocientos (Según Aristóteles, el acusador fue Evatlo, discípulo del sofista). Filostrato señala que no está claro si hubo o no un proceso para llegar a la condena, que algunos dicen que fue el destierro y otros, la muerte. En todo caso, se ordenó que sus obras fueran quemadas.
E. Derenne sitúa tales acontecimientos en torno al año 416 a. C., en vísperas de que la flota ateniense marchara en expedición contra Siracusa. Ya sea para huir de la pena de muerte, o en cumplimiento de la orden de destierro, Protágoras se embarcó rumbo a Sicilia. A mitad del viaje el barco zozobró, a causa de lo cual el sofista murió ahogado. La mayoría de las fuentes señalan que contaba con 90 años, si bien hay algunas que refieren la edad de 70.
2.2. La construcción del pensamiento económico en la antigua Roma
Contrariamente a la Grecia las principales aportaciones al pensamiento económico de Roma son de carácter pragmático y no analítico. Dos grandes grupos de autores contribuyeron a la construcción de un pensamiento económico romano: los agrónomos y los juristas, siendo la aportación de estos últimos la más sistemática e importante.
2.2.1. La Economía romana
2.2.1.1. Agricultura, esclavitud y comercio
Los agricultores eran el núcleo de la sociedad de la Antigua Roma. El cultivo principal eran los cereales (sobre todo el trigo) y las leguminosas. Más tarde se introdujo la vid, y aun más tarde se llego a las viñas y se importó el olivo. Como árboles frutales destaca la higuera; también hortaliza, legumbres y lino.
Al principio los romanos poseían la tierra en usufructo y su riqueza (pecunia) se medía por los rebaños, y los ahorros personales eran el peculium (haber en ganado). Más tarde se introdujo la propiedad privada de la tierra.
Las primeras tierras de los romanos se llamaban heredium de herus (dueño), y en un principio no superaban las dos yugadas (5.400 metros cuadrados), aunque aparte estaban la casa, las cuadras, la barbechera y los pastos. Estas pequeñas porciones de tierra pronto fueron superadas y si en algún caso se mantuvieron fue para los cultivadores antiguos de las ciudades dominadas, pero no para los ciudadanos romanos.
Los romanos mejoraron las técnicas agrícolas: introdujeron la arada romana, molinos más eficaces, como el de grano, la prensa de aceite, técnicas de regadío y el uso de abono.
La producción intelectual de los agrónomos, tanto de Catón, Varrón o Columela, se organiza alrededor de la unidad de producción típica del final de la República y del Imperio: el grande latifundio, o sea las villas romanas. El gran propietario estaba unido tanto a la gleba como al campesino y era fruto de la expansión militar romana y de la anexión de enormes territorios conquistados. Era una aristocracia agraria y no una nobleza ciudadana. Su casa estaba donde su hacienda (aunque poseía alojamiento en la ciudad, donde acudía periódicamente para arreglar sus negocios o para pasar el verano).
La masa de los proletarios (pertenecientes a la quinta clase censitaria o Capite censi”) se componía de hombres libres de familias sin tierra (pero con derecho de ciudadanía), de ciudadanos de ciudades sometidas, o bien de clientes o esclavos liberados. Los campesinos libres de ciudades sometidas actuaban a menudo como jornaleros, aunque muchos poseían su porción de terreno. Cuando los campesinos de ciudades sometidas eran convertidos en esclavos, lograban obtener frecuentemente su libertad y se convertían en precaristas. El conjunto de campesinos libres pero no propietarios llegó a ser muy numeroso y proporcionaba al Estado un núcleo de gente siempre dispuesta para la colonización en las tierras sometidas. En las ciudades sometidas, sea por tratados o por conquista militar, la mayoría de los campesinos eran propietarios y libres, siendo rara la esclavitud salvo allí donde todos los antiguos ciudadanos habían sido declarados esclavos de Roma. Los esclavos de los ciudadanos romanos eran una consecuencia de las conquistas militares y de las capturas de enemigos en las guerras. A lo largo de la historia de Roma, fueron siempre un foco de inestabilidad política (la insurrección de Spartacus) y muchos autores, en particular Varrón, llegaron a colocar la cuestión de su eficiencia económica. En su mayoría eran altivos y se hacía difícil lograr que obedecieran; al ser buenos trabajadores se les asignaban tierras como precaristas, y como ya hemos dicho era frecuente que se les acabara liberando. Sin embargo, tanto la economía romana, como su sociedad, dependían del trabajo de esclavos, fundamentales en los latifundios, minas e industrias.
Los esclavos de las ciudades tenían mejor condición social que los esclavos rurales, siendo los esclavos de las minas los de peor condición. Los esclavos de ciudad solían tener familia y una gran autonomía, y a menudo lograban la manumisión. Incluso ganaban, o podían ganar, un “peculio”. El precio de un esclavo nos llega a través de Catón, y sabemos que era en promedio unos mil quinientos denarios, precio que subió a lo largo del siglo II a. C. hasta alcanzar los veinticuatro mil sestercios. El comercio de esclavos creció, siendo traídos de La Galia y Germania.
El desarrollo de la navegación y la construcción de calzadas favorecieron el comercio. En las ciudades se vendían vestidos, calzados, arados, vasos, herramientas, cerraduras, cadenas y otros productos. La venta de lana, base de los vestidos, aunque importante, era limitada. Para el comercio se organizaban mercados periódicos llamados Mercatus, cada nona o sea cada ocho días, llamados Nundinae. Una innovación importante procedente de Oriente, difundida a partir del 179 a.C. es la creación de Basílicas (traducido literalmente “Pórtico Real”) que eran grandes salas con pórticos cubiertos destinadas a acoger a los mercaderes, armadores y hombres de negocio. Estas basílicas se extendieron luego por todo el Imperio, lo que nos da idea del excelente nivel comercial de la época. Al principio el pago de grandes cantidades se hacía en bueyes y carneros (1 buey = 100 ases = 10 carneros; 1 carnero = 10 ases), el bronce (aes) fue también adoptado como tipo de cambio (de donde deriva la palabra “aestimatio”). Con el tiempo los romanos desarrollaron un mercado internacional a lo largo de las dos márgenes del Mediterráneo y un poderoso mercado financiero.
2.2.2. El Derecho romano y la construcción del pensamiento económico
Una de las mayores aportaciones del mundo romano a la Historia del Pensamiento Económico es el Derecho, sobreviviendo sus elementos fundamentales a la sociedad que los creó. Es Roma la que nos lega las instituciones jurídicas, que han perdurado en Occidente por milenios y que otorgan seguridad jurídica a las instituciones económicas. También ha sido Roma la que nos ha aportado el esquema general de nuestras concepciones de organización política y social. Su influencia es visible en las costumbres y también en la lengua. El legado religioso cristiano, base de la civilización occidental, es a su vez, el vehículo primordial de la transmisión y continuidad de Roma. Finalmente, con la integración de los últimos diez países a la Unión Europea y con la posible entrada de la Turquía en la UE, el bloque europeo parece reintegrar las fronteras del imperio. Todos estos aportes son demostración de una herencia perdurable, que nos permite justificar el calificativo de “eterna” que se ha dado a la ciudad de los emperadores y Papas.
Pero, cabe preguntarse cuáles son las razones de esta influencia, y en particular, la importancia de Roma en la construcción civilizacional de países tan remotos geográficamente, pero tan cercanos culturalmente, como es el caso de México. La respuesta es bastante sencilla, pero de una consecuencias enormes desde el punto de vista histórico. La República Romana es la que conquista la Península Ibérica y la sustrae a la influencia del poder de Cartago. El Imperio es el que unifica el status jurídico de los habitantes de la Península concediéndoles la ciudadanía romana. Es Roma la que, asimismo, unifica la cultura, absorbiendo a los distintos pueblos sujetos a su dominio (dentro de los cuales están los ibéricos o habitantes de las Hispanias); es igualmente Roma la que adopta el cristianismo como religión oficial y es Roma la que nos lega los principios de organización jurídica a través de su magno Derecho, roca que es la base de la organización jurídica Europeo continental y de Iberoamérica). El ideal político cristiano de la Edad Media es nada más ni nada menos que la reconstitución del Imperio Romano Universal, cuya misión (en una perspectiva milenarista) consistía en preparar la segunda venida del Salvador a quien el Emperador Romano, entregaría las llaves del mundo. Es esta idea imperial y su modelo romano que recuperan el conjunto de las legislaciones visigodas y más tarde, el imperio de Carlos V; o sea, la Conquista y el virreinato están impregnados de este espíritu político y jurídico inspirado en Roma. En fin, nuestra cultura sería imposible de explicar sin la intervención de Roma.
El Derecho romano se divide en dos grandes campos: ius civile, aplicable sólo a las relaciones entre ciudadanos, y ius gentium, que regulaba las relaciones comerciales y de otro tipo entre los no ciudadanos o entre ciudadanos y no ciudadanos. Los campos jurídicos romanos más importantes para el desarrollo de un pensamiento económico son: COSAS; DERECHOS REALES; OBLIGACIONES Y CONTRATOS; SUCESIONES.
Las fuentes de conocimiento del derecho romano son múltiples. El derecho más antiguo se ha conocido en general sólo por vía indirecta, a través de las referencias de los juristas posteriores, las narraciones de los historiadores o los datos y las noticias que se encuentran en obras de literatos y gramáticos de la antigüedad clásica.
Algún fragmento de antiguas leyes nos ha llegado directamente por el hallazgo de fragmentos de tablas de bronce o inscripciones en mármol. Nada, sin embargo, conocemos directamente de las XII tablas, la primera legislación escrita del derecho romano, de la cual se ha hecho una reconstrucción sumaría mediante las numerosas citas de la literatura jurídica y extrajurídica posterior.
Para el derecho clásico la documentación aumenta. A los hallazgos epigráficos, con frecuencia fragmentarios, de leyes, mandata, plebiscita, senadoconsultos y constituciones imperiales, se suman los fragmentos más o menos extensos que nos han sido conservados en papiros, encontrados principalmente en Egipto. Por esta vía se nos han conservado también, por lo menos    fragmentariamente,    documentos    originales    de    actos    jurídicos    (negotia),    tales    como
testamentos, contratos, cartas de pago, etc. Todavía todas estas fuentes, bien que acompañadas de las amplias noticias desprendidas de las obras literarias e históricas, nos darían una noción muy escueta y con amplias lagunas del derecho clásico, si Justiniano en su compilación, no nos hubiese conservado una parte notable de los escritos de la jurisprudencia y de las constituciones imperiales de esta época. La única obra jurídica clásica casi completa que nos ha llegado directamente fuera de la compilación justinianea es el manual institucional de Gayo.
Después de la entrada en vigor de la codificación, entre el 535 y el 565, las Novellae derogaban las disposiciones precedentes desde la más reciente a la más antigua. De ellas no fue hecha ninguna colección oficial, sino sólo tres colecciones privadas con un máximo de 168 novelas.
El Digesto y el Código seguían, con algunas modificaciones, el orden sistemático del edicto pretorio. Con ellos Justiniano salvó y legó lo mejor de la tradición jurídica romana e hizo al mismo tiempo una obra orgánica, de la cual cada elemento representaba una norma de derecho vigente, sin que se pudiese tener en cuenta la diferencia de tiempo de su composición. Una obra de tanta envergadura no podía naturalmente quedar sin defectos ni contradicciones, pero en su conjunto era admirable. Inmensas fueron las dificultades superadas para adaptar el antiguo derecho a las nuevas exigencias y a los cambios económicos, políticos y sociales acaecidos. Para este fin Justiniano autorizó a los compiladores a modificar los textos utilizados, y él mismo afirmó, después de la composición del Digesto, que “multa et maxima sunt quaed propter utilitatem rerum transformata sunt”. Tales modificaciones que consisten en recensiones, cortes, añadidos, alteraciones del original de los Textos jurídicos y de las constituciones acogidas, se llaman “emblemata Triboniani”, por el nombre del más importante artífice de la codificación o, en términos hoy más frecuentes, “interpolaciones”.
El ius honorarium” -con su función de ayudar, suplir y corregir al “ius civile”-, llega a ser el fundamento de la evolución jurídica, permitiendo, no obstante, por su naturaleza y estructura particular, el satisfacer la exterior tendencia conservadora romana. La actividad del pretor a través del edicto y la práctica, a la cual se suma el trabajo fecundísimo de la jurisprudencia y la vigilante tarea de los emperadores y de los funcionarios, permitieron, en efecto, que el edificio grandioso del derecho de Roma aunque adaptándose y transformándose, continuara para desarrollar su labor ordenada, sin que exteriormente se le diese un golpe demoledor a todo lo antiguo; la genialidad romana supo así resolver el dilema, sin permanecer esclava de éste.
El predominio de un nuevo sentimiento de equidad y de humanidad, el progresivo reconocimiento de la voluntad en los negocios jurídicos, la exaltación de la estricta realidad sobre ficción, cada sutileza y rigor de un derecho formalista, abstracto y superado, con frecuencia es hoy proclamado como conquistas del derecho justinianeo, mientras se pueden reconducir a estos elementos nuevos que se habían venido poco a poco afirmando ya en el derecho clásico, a través de la práctica pretoría y la “cognitio extra ordinem”.
A la generalización de esta forma de procedimiento en la edad postclásica es debida la fusión entre el “ius civile” y el “ius honorarium”, y de estos dos, con todos los nuevos elementos; fusión de la cual nace el derecho justiniano y con él, la base del derecho moderno.
2.2.2.1. La jurisprudencia y los jurisconsultos
Otra fuente importante para el Derecho romano y para la Historia del pensamiento económico es la jurisprudencia.
Es importante resaltar la importancia del desarrollo de la ciencia jurídica y de la jurisprudencia en la construcción del pensamiento económico romano. En un principio monopolio del colegio de los pontífices, y después laicizada a partir del siglo IV a. de C., llegó la jurisprudencia de los veteres a colocar las bases del ius civile con la interpretatio de las normas consuetudinarias y de las XII Tablas. El jurista era en Roma iuris conditor y algunas fuentes hacen en efecto derivar el “ius civile” exclusivamente de la creación de los juristas.
Otras veces, más que componiendo obras jurídicas, éstos participaban en el progreso del derecho con indicar a los litigantes los medios procesales para hacer valer sus pretensiones (agere), con sugerirle esquemas de resoluciones a las partes contrayentes (cavere) y con dar respuestas a consultas de particulares y magistrados (responderé). Esta última actividad asume también un carácter oficial cuando los emperadores, a partir de Augusto, concedieron a los más acreditados juristas el ius respondendi ex autorictate principis, esto es, poder dar respuestas que vinculaban la decisión del juez y cuya eficacia terminó por extenderse más allá del caso visto. El emperador Adriano estableció que la opinión concorde de los juristas tuviese valor de ley. Entre el centenar de juristas de los que nos ha llegado el recuerdo, mencionamos aquí sólo algunos de los más importantes en la edad republicana: Quinto Mucio Escévola y Servio Sulpicio; en el siglo I d.C, Labeon, Capiton, Maeurio Sabino, Cassio, Próculo, Javoleno; en el s. II, Celso, Juliano, Pomponio, Africano, Gayo, Marcelo; en el s. III, Papiniano, Ulpiano, Paulo, Marciano y Modestino. En el siglo I, florecen dos escuelas llamadas de los Sabinianos y de los Proculeyanos, que fueron fundadas respectivamente por Capiton y Labeon y tomaron el nombre de Maeurio Sabino y Próculo: las disputas entre tales escuelas se perpetuaron por toda la época clásica y a ellas hicieron referencia los juristas posteriores. Los trabajos de éstas consistían principalmente en comentarios sobre el ius civile (que en la edad clásica tomaban como base las exposiciones que habían hecho Q. Mucio Escóvola y Sabino y así pues, se llamaron Libri ad Q. Mucium e libri ad Sabinum), en comentarios al edicto del pretor Urbano (llamados Libri ad Sabinum), y en comentarios monográficos sobre leyes o institutos particulares. Gran desarrollo tuvieron también las selecciones de respuestas y controversias. No faltaban tampoco tratados generales (libri digestorum), libros de definiciones, de reglas y obras didácticas, en particular libri o commentari institutiorum. Con la llegada de la monarquía absoluta la jurisprudencia decae. En la práctica continuaron realizándose, en la edad postclásica, selecciones, epítomes, paráfrasis, anotaciones, pero ningún gran jurista continuó la actividad creadora que había caracterizado a la antigua jurisprudencia. Un signo de esta decadencia fue dado por la así llamada Legge delle citazioni (Ley de Citas) de Teodosio II, que por las exigencias de la práctica atribuía eficacia de ley a las obras de Papiniano, Ulpiano, Paulo, Gayo, estableciendo también el modo de determinar la mayoría en lo que fue llamado tribunale di morti. Sólo en el siglo VI aparecieron algunas escuelas jurídicas en la parte oriental del imperio que, por otra parte, desarrollaron sólo una actividad modesta con anotaciones y resúmenes de textos clásicos.
Sin embargo, Justiniano, en la realización de su codificación, tuvo la ayuda de algunos eminentes juristas, como fueron Triboniano, Teófilo y Doroteo. Pero en el derecho justiniano los poderes de la jurisprudencia llegaron a estar fuertemente limitados, excluyéndose así, pues, toda función creadora.
2.2.3. Agrónomos
El carácter pragmático de Roma se evidencia en el desarrollo de una nueva ciencia: la Agronomía. Agronomía (del latín ager, 'campo', y del griego vófioq, nomos, 'ley'), es el conjunto de conocimientos de diversas ciencias aplicadas que rigen la práctica la agricultura y la ganadería. Es la ciencia cuyo objetivo es mejorar la calidad de los procesos de la producción agrícola fundamentada en principios científicos y tecnológicos; estudia los factores físicos, químicos, biológicos, económicos y sociales que influyen o afectan al proceso productivo. Su objeto de estudio es el fenómeno complejo o proceso social del agroecosistema, entendido éste como el modelo específico de intervención del hombre en la naturaleza, con fines de producción de alimentos y materia prima. Los constructores de esta ciencia, fundamentales para la producción de
los     modelos    económicos    romanos    fueron:    CATÓN,    VARRÓN,    COLUMELA,    PLINIO    Y FRONTINO.
2.2.3.1. Catón, el Censor
Catón procedía de una antigua familia plebeya que se había distinguido por reseñables servicios militares, pero no por el desempeño de alguna magistratura política. Fue criado a la manera de sus antepasados latinos y educado en la agricultura, a la que se dedicaba cuando no estaba integrado en el servicio militar. Sin embargo, Catón llamó la atención de Lucio Valerio Flaco, que lo llevó a Roma, donde gracias a su influencia, Catón fue ascendiendo a través de las diferentes etapas del Cursus Honorum: tribuno en 214 a.C., cuestor en 204 a.C., pretor en 198 a.C., cónsul en 195 a.C. junto a su viejo patrón, y finalmente censor en 184 a.C.
Como censor, Catón se distinguió por su conservadora defensa de las tradiciones romanas en contraposición con el lujo de la corriente helenística procedente de Oriente. Además, y en el marco de su labor de censura, protagonizó un duro enfrentamiento con Publio Cornelio Escipión el Africano. Como político, Catón se distinguió por ser el mayor defensor e impulsor de la guerra con Cartago.
Se le considera el primer escritor en prosa latina de importancia y fue el primer autor de una íntegra historia de Italia en latín. Algunos historiadores han argumentado que de no ser por el impacto que causaron sus escritos, el griego habría sustituido al latín como lengua literaria en Roma. Su manual De Agri Cultura (también llamada De Re Rustica) o Sobre la Agricultura es la única de sus obras que ha sobrevivido en su totalidad.
2.2.3.1.1. Las obras de Catón
Su manual sobre cómo debe dirigir una granja (De Agri Cultura o Sobre la Agricultura), es la única de sus obras que ha sobrevivido en su totalidad. Se trata de una colección de libros que recopila las normas y reglas de cría y gestión de granjas, incluyendo anécdotas sobre cómo era la vida rural de los campesinos itálicos del Siglo II a.C. Adoptada por muchos como un libro de texto, De Agri Cultura proporciona reglas para dirigir una granja amplia y dotada de muchos esclavos. Catón asesora a los granjeros en la adquisición de trabajadores para la recogida de aceitunas y también proporciona técnicas de turnos de refresco esclavistas que evitan el extremo cansancio de algunos, lo que provocaba un descenso en la producción. Afirma en su obra que es necesario vender esclavos cuando estos envejecen o se ponen enfermos. Catón proporcionó a los granjeros interesados en su obra una serie de discursos que son citados por diversos autores latinos.
La que es probablemente la obra más importante de Catón, Orígenes, ofrece en un pequeño compendio de siete libros una visión de la antigua historia de las ciudades italianas, en especial Roma, sobre la que escribe desde su fundación hasta sus días. Aunque la obra se ha perdido, diversos fragmentos han sobrevivido gracias a antiguos autores que los han recuperado.
Durante el Imperio Romano, se conservaron unos 150 discursos políticos de Catón. En ellos, Catón proclamaba su repulsa a la decadencia de la moral romana y ejercía venganzas verbales contra sus adversarios políticos. En la actualidad no se conocen siquiera los títulos de estos discursos, aunque se han conservado algunos fragmentos de ellos. El primero del que se puede dar una fecha concreta es una obra llamada Sobre la Elección de Ediles, escrita en 202 a.C. Existen además una serie de discursos a partir de su consulado seguida de una retrospectiva autojustificativa llamada Sobre su Consulado, que recopila numerosos discursos emitidos durante su censorado. No es seguro que Catón permitiera a otros leer o copiar sus discursos mientras estaba vivo (en otras palabras, publicarlos). También se desconoce si su circulación se produjo inmediatamente tras su muerte.
Sobre los Soldados es un manual militar práctico comparable a De Agri Cultura.
También destacan, Sobre la Ley relativa a Sacerdotes y Augures, obra de la cual sólo se conoce un pequeño fragmento en el cual seguía ciertas secciones de De Agri Cultura y Praecepta ad Filium, “Máximas dirigidas a su hijo”. El estilo literario de Catón es prácticamente invariable en sus obras y casi todas ellas siguen una misma estructura.
2.2.3.1.2. La austeridad y la defensa de la tradición romana: la Lex Oppia
En el año 195 a.C., Catón fue elegido cónsul junto con V. Flaco. Durante el consulado de Catón y Flaco, tuvo lugar una gran disputa legal que puso de manifiesto los arraigados ideales conservadores del cónsul. En 215 a.C., durante el apogeo de la Segunda Guerra Púnica, un tribuno de la plebe llamado Cayo Opio había aprobado una ley (la denominada Lex Oppia). Dicha ley tenía por objeto la restricción del lujo a las mujeres, para lo cual instauraba una serie de prohibiciones, entre las cuales cabe citar la prohibición de llevar joyas de un valor superior a una onza de oro, la prohibición de llevar vestidos de varios colores, y la prohibición de utilización de un carro en sus desplazamientos cortos, a menos de una milla de la ciudad, y a no ser que fuera para acudir a un acontecimiento religioso. Con Aníbal derrotado y la economía de la República de nuevo próspera, gracias a la incautación de los tesoros cartagineses, ya no había necesidad de que se siguiera aplicando la Lex Oppia. En consecuencia, los tribunos Marco Fundanio y Lucio Valerio intentaron llevar a cabo una reprobación de la ley, pero se encontraron con la oposición de sus colegas Marco Junio Bruto y Tito Junio Bruto. Curiosamente, esta disputa legislativa generó un mayor interés que los asuntos administrativos y estatales, que quedaron en un segundo plano. Las mujeres de mediana edad se plantaban en las inmediaciones del Foro e interceptaban a sus maridos, suplicándoles que restauraran los derechos de las mujeres romanas. Cada vez más decididas, las matronas rogaron a los pretores, cónsules y consulares la reprobación de la ley, presionando de tal modo al Senado que Flaco empezó a dudar, pero Catón se mostraba inflexible. Al final, las mujeres consiguieron lo que querían. Cansados de la persistencia de las matronas romanas, los tribunos opositores retiraron su veto y la odiada ley fue reprobada por todas las tribus. Las mujeres, para celebrar su éxito desfilaron en procesión por las calles de la capital luciendo las joyas y los vestidos más voluptuosos posibles, los cuales eran por fin legales.
2.2.3.2. Varrón
Marco Terencio Varrón (116-27 a.C.), escritor y erudito romano que nació en la ciudad sabina de Reate (la actual ciudad italiana de Rieti), fue el protegido de Pompeyo Magno, a quien apoyó en su guerra (49-48 a.C.) contra Julio César. Sin embargo, tras la derrota y muerte de Pompeyo, César le perdonó, y en el 47 a.C. le nombró primer bibliotecario de la nueva biblioteca pública de Roma. Fue un autor prolífico: al parecer escribió 74 obras diferentes, divididas en aproximadamente 620 libros sobre gran variedad de temas. Se conservan 600 fragmentos en prosa y poesía de la obra Saturarum menippearum (Sátiras menipeas, c. 81-67 a.C.); dos libros completos y parte de otros cuatro de los veinticinco volúmenes que formaban la obra De lingua latina (c. 43 a.C.); y una obra en tres volúmenes, Rerum rusticarum (37 a.C.), un importante trabajo sobre agricultura.
2.2.3.3. Columela
Al igual que Séneca, nació en la Bética. Estuvo un tiempo en el ejército romano y fue tribuno de Siria en el año 35 d.C. Después se trasladó a Roma, donde se dedicó a la agricultura a gran escala, poniendo en práctica sus conocimientos al respecto. En la capital del imperio formó parte de los círculos sociales más elevados.
A su obra escrita pertenecen De re rustica (Los trabajos del campo) y Liber de arboribus (Libro de los árboles). En la primera de estas obras, dividida en doce libros, e inspirándose en obras
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Pensamiento Económico Antiguo Medieval
anteriores de Catón el Viejo, Varrón y otros autores latinos, griegos e incluso cartagineses, trata sobre todos los trabajos del campo en el más amplio sentido de la palabra: desde la práctica de la agricultura, la ganadería y la apicultura, hasta la cura de animales, pasando por la elaboración de distintos productos y conservas. En el libro de arboribus trata de cultivos arbustivos como la vid, hasta árboles como el olivo o los frutales, e incluso flores como la violeta o la rosa. La obra de Columela es considerada el repertorio más amplio y documentado sobre agricultura romana.
2.2.3.4. Plinio
Cayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, fue un escritor latino, científico, naturalista y militar romano. Nació en Comum, la actual Como, en Italia, en el año 23 y murió en Estabia, hoy Castellammare di Stabia, el 24 de agosto del año 79.
Tras estudiar en Roma, a los veintitrés años inició su carrera militar en Germania, con una duración de doce años. Llegó a ser comandante de caballería antes de regresar a Roma, en el año 57, donde se dedicó al estudio y cultivo de las letras. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio del emperador Vespasiano. Agudo observador, fue autor de algunos tratados de caballería, una historia de Roma y varias crónicas históricas, hoy perdidas. Perteneció al orden ecuestre. Desarrolló su carrera militar en Germania, y fungió como Procurador Romano en Galia e Hispania alrededor del 73.
Cayo Plinio Segundo fue miembro de la clase social de los caballeros romanos (eques), ya que su padre pertenecía al orden ecuestre, y su madre era hija del senador Cayo Cecilio de Novo Como. Su padre lo envió a Roma y confió su educación a uno de sus amigos, el poeta y general P. Pomponio Segundo. De él adquirió Plinio el deseo por aprender, que conservó durante toda su vida. Dos siglos después de la muerte de los Gracos, pudo admirar algunos de sus manuscritos autógrafos en la biblioteca de su preceptor, de quien redactó más tarde una biografía. Plinio menciona a los gramáticos y retóricos Remio Palemón y Aurelio Fusco en su Naturalis Historia, de los que fue sin duda su alumno. En Roma, estudió botánica en el jardín de Antonio Castor y conoció los antiguos árboles-lotos en los terrenos que habían pertenecido en su día a Craso. Asimismo, pudo contemplar la vasta estructura edificada por Calígula y probablemente asistió al triunfo de Claudio en Britania. Bajo la influencia de Séneca, llegó a ser un estudiante apasionado de la filosofía y la retórica y comenzó a ejercer la profesión de abogado.
En el año 47 participó, a las órdenes de Corbulón, en la campaña militar contra Germania, donde tomó parte en la construcción de un canal entre el Rin y el Mosa. Como joven comandante de caballería (praefectus atae), redactó un ensayo (perdido) sobre las técnicas de combate a caballo (De iaculatione equestri).
Durante el mandato de Nerón, vivió principalmente en Roma donde asistió a la construcción de la Domus Aurea de Nerón después del gran incendio del año 64. Entre tanto, completa los veinte libros de su Historia de las guerras germánicas, única obra de referencia citada en los seis primeros libros de los Anales de Tácito.
Dedicó mucho de su tiempo a temas como la gramática y la retórica. Studiosus, es un trabajo detallado sobre la retórica que fue seguido por los ocho libros de De Dubii sermonis. Y bajo el principado de su amigo Vespasiano, se reincorporó al servicio del estado como procurador en la Galia Narbonense y en la Hispania Tarraconense. Visitó también la Provincia Belga. Durante su estancia en Hispania, se familiarizó con la agricultura y las minas del país. Luego visitó África. A su regreso a Italia, aceptó un cargo de Vespasiano, quien le consultaba antes de dedicarse a sus ocupaciones oficiales. Al final de su mandato, se consagró esencialmente a sus estudios.
Completó una Historia de su Tiempo en 31 libros, que tratando desde el reinado de Nerón hasta el de Vespasiano, no quiso que se publicara hasta después de su muerte. Esta obra es citada por Tácito y tuvo influencia sobre Suetonio y Plutarco. Casi llegó a terminar su gran obra Naturalis
Historia, una enciclopedia en la que Plinio reúne una gran parte del saber de su época. Este trabajo había sido planificado bajo la dirección de Nerón. Las informaciones que recoge llegan a ocupar no menos de 160 volúmenes, cuando Larcio Licino, el legado pretor de la Hispania Tarraconense, intenta en vano comprarlos por el equivalente a más de 200 000 £. Dedicó esta obra a Tito Flavio Vespasiano en el año 77. Y el relato de sus últimas horas es contado en una interesante carta que su sobrino y heredero, Plinio el Joven, dirige, 27 años después de los hechos, a Tácito. También envió, a otro corresponsal, un informe sobre los escritos y el modo de vida de su tío.
2.2.3.5. Frontino
Sexto Julio Frontino (c. 40 - 103) fue un político del Imperio Romano, uno de los más importantes aristócratas de finales del siglo I. Es principalmente famoso por sus obras y tratados, especialmente por uno que habla de los acueductos de la ciudad de Roma.
Lo primero que se conoce de la carrera de Julio Frontino fue su elección para el pretorado en el año 70. Cinco años más tarde, en el año 75, se le envió a la provincia de Britania para que sucediera a Quinto Petilio Cerial en el gobierno de la isla. Durante su cargo, Frontino subyugó a los siluros y a otras tribus hostiles de Gales, estableciendo una nueva base para la Legio II Augusta en Caerleon o Isca Augusta y un sistema de fortificaciones que constaba de fortalezas situadas a 20 km de distancia entre ellas, incluyendo la de Luentinum, que tenía como objetivo controlar las minas de oro de Dolaucothi. En el año 78, Frontino fue sucedido en el gobierno de Britania por el general Cneo Julio Agrícola.
En el año 95, Frontino fue nombrado como comisionado de los acueductos de la capital imperial (curator aquarum) por el emperador Nerva. El cargo de curator aquarum era exclusivo de personas de gran influencia política, lo que revela la importancia que Frontino logró durante su carrera. Además de ello, Frontino formaba parte del Colegio de Augures. Durante su cargo de comisionado de las aguas de la ciudad, Frontino redactó un tratado acerca del estado de todos los acueductos de la ciudad. Este tratado, el primero que se escribía acerca del tema, ha sido una de las más importantes obras de ingeniería de la Edad Clásica.
Durante su cargo, Frontino siguió la política de otro estadista romano, Agripa, quien en el año 34 a.C. organizó una campaña pública de reparaciones y mejoras de los edificios de Roma. Durante la campaña de Agripa, el Aqua Marcia fue sometido a una importante renovación y se ampliaron las tuberías de la ciudad. A través de estas acciones, Agripa siguió la línea que había iniciado tras su nombramiento como edil (funcionario encargado de los edificios y festivales de Roma). Durante el edilato de Agripa, las calles se repararon y las alcantarillas se limpiaron y renovaron. En épocas posteriores, Agripa seguiría mejorando y embelleciendo la ciudad al ampliar la Cloaca Máxima, sistema de alcantarillado de Roma, y construir termas, pórticos y jardines.
2.3. El pensamiento económico medieval
El pensamiento económico medieval que surgió en la cristiandad latina de Europa Occidental y se desarrolló el feudalismo y la filosofía escolástica, se centró en cuestiones éticas como la pobreza y la caridad, el precio justo, la relación conceptual entre el beneficio, el interés y la usura; y en determinadas especulaciones acerca de la teoría del valor, que en algunos casos podrían asimilarse a las posteriores teorías que lo identifican con el trabajo, y en otras con el precio de mercado.
Su pervivencia temporal más allá de la crisis bajomedieval, se extendió durante el Antiguo Régimen, en que fueron apareciendo nuevas escuelas de pensamiento económico, como el mercantilismo,    que    no    obstante,    en    algunos    casos,    mantuvieron    cierta    continuidad    con    el
pensamiento medieval (como es el caso del arbitrismo español, muy influido por la neoescolástica Escuela de Salamanca).
Contemporáneamente, en otros contextos geográficos, sociales, económicos y culturales, como fue el Islam medieval, se desarrollaron otras formas de pensamiento económico, con notables autores (v.g. Ibn Jaldún).
2.3.1. Autores y escuelas medievales
En los siglos XI y XII se redescubrieron las obras de los principales autores griegos y romanos a través de las copias que habían realizado los monjes ya desde siglos anteriores y de las traducciones que llegaban del mundo árabe. Se multiplicaron las escuelas y escritorios. Algunos monasterios de la península Ibérica fueron la puerta de entrada de la ciencia y la cultura árabes.
El despertar cultural fue promovido en gran medida por la Iglesia y la cultura siguió siendo sobre todo una cultura eclesiástica. Solo los clérigos y algunos pocos laicos sabían leer y escribir. Además, la mayoría de los libros seguían escribiéndose en latín, la lengua de la Iglesia y también la de la alta cultura.
Aumentó el número de escuelas situadas en los monasterios y en las catedrales, en las que se estudiaba sobre todo Teología y se formaban los futuros clérigos. Las bases del conocimiento eran la Biblia y las obras de los autores cristianos. También se crearon las primeras universidades en algunas ciudades europeas que aumentaron mucho su número a finales de la Edad Media.
2.3.1.1. Alta Edad Media
Se denomina Alta Edad Media al periodo de la historia de Europa que se extiende desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta aproximadamente el año 1000, época de resurgimiento económico y cultural. Tres imperios conviven y luchan por la supremacía: el bizantino, el árabe o islámico y el carolingio.
En el siglo IV, el Imperio Romano entró en crisis económica, política y social. Varios pueblos germánicos acosaban las fronteras del Imperio. El emperador Teodosio I logró la paz, mediante un pacto de amistad con el jefe visigodo.
Pero Teodosio I murió en 395 dejando el imperio a sus dos hijos: Honorio en el Occidente y Arcadio en el Oriente. La muerte de Teodosio I significó para los visigodos la ruptura de los acuerdos realizados con el Imperio. Su jefe, Alarico I, comenzó una campaña de depredaciones en la península balcánica. Arcadio, con el pretexto de que existía una disputa por Iliria, lanzó a los visigodos sobre el Imperio occidental, en el que se instalaron definitivamente. Poco después, en el 406, el Imperio Romano fue invadido por pueblos germánicos que buscaban dónde instalarse.
En el 423, Valentiniano III sucedió en el trono a Honorio, asimilando a los invasores a sus tropas mercenarias. Durante su reinado, el imperio sufrió un importante avance de los hunos, al mando de su rey Atila; pero fueron detenidos en los Campos Cataláunicos en una alianza romano-germánica. El Imperio estaba en franca disolución y en el 476 Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, fue depuesto por Odoacro. El Imperio Romano de Occidente llegaba así a su fin. A partir de entonces, el territorio se disgregó en diferentes reinos, llamados reinos Romano-Germánicos.
2.3.1.2. San Agustín
Teólogo latino que nació en el año 354 en Tagaste, hoy Suq Ahras, actual Argelia. Inició su formación en su ciudad natal y estudió retórica en Madauro. Su primera lectura de las Escrituras le decepcionó y acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y no fundada en la razón. Su preocupación por el problema del mal, que lo acompañaría toda su vida, fue determinante en su adhesión al maniqueísmo. Dedicado a la difusión de esa doctrina, profesó la elocuencia en Cartago (374-383), Roma (383) y Milán (384).
La lectura de los neoplatónicos, probablemente de Plotino, debilitó las convicciones maniqueístas de San Agustín y modificó su concepción de la esencia divina y de la naturaleza del mal. A partir de la idea de que “Dios es luz, sustancia espiritual de la que todo depende y que no depende de nada”, comprendió que las cosas, estando necesariamente subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.
La convicción de haber recibido una señal divina lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En 387 se hizo bautizar por San Ambrosio y se consagró definitivamente al servicio de Dios. En Roma vivió un éxtasis compartido con su madre, Mónica, que murió poco después.
En 388 regresó definitivamente a África. En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.
Tras la muerte de Valerio, hacia finales del 395, San Agustín fue nombrado obispo de Hipona. Dedicó numerosos sermones a la instrucción de su pueblo, escribió sus célebres Cartas a amigos, adversarios, extranjeros, fieles y paganos, y ejerció a la vez de pastor, administrador, orador y juez. San Agustín, apoyaba la religión de Estado en contra de la libertad de conciencia, la represión contra los herejes, y la autoridad absoluta e indiscutida de la Iglesia; por otra parte, San Agustín compadecía a los trabajadores asalariados, y afirmaba que la persona que contrataba a un trabajador le debía dar dos cosas: el alimento, para que no desfalleciera, y el salario con que pudiera disfrutar.
Al caer Roma en manos de los godos de Alarico (410), se acusó al cristianismo de ser responsable de las desgracias del imperio, lo que suscitó una encendida respuesta de San Agustín, recogida en La Ciudad de Dios, que contiene una verdadera filosofía de la historia cristiana. Durante los últimos años de su vida asistió a las invasiones bárbaras del norte de África (iniciadas en el 429), a las que no escapó su ciudad episcopal. Al tercer mes del asedio de Hipona, cayó enfermo y murió.
2.3.1.3. San Isidoro de Sevilla
San Isidoro de Sevilla (Cartagena ?, c. 560 - Sevilla, 4 de abril de 636), obispo, teólogo, cronista, compilador y santo hispanorromano de la época visigoda. Fue arzobispo de Sevilla durante más de tres décadas (599-636) y uno de los grandes eruditos de la temprana Edad Media. Su familia era originaria de Cartagena y se distinguió por su contribución a la conversión de los reyes visigodos (arrianos) al catolicismo. La familia de San Isidoro, parece que huyó a Sevilla tras la conquista bizantina al ser éstos defensores del rey Agila I frente a Atanagildo, aliado de los bizantinos.
Miembros de esta familia son su hermano San Leandro, su inmediato predecesor en el arzobispado de Sevilla y oponente del rey Leovigildo (llegó al arzobispado al inicio del reinado del nuevo rey, el ya católico Recaredo); su hermano San Fulgencio, que llegó a ser obispo de Cartagena y de Astigi (hoy Écija), y también su hermana Santa Florentina, de la que la tradición dice que fue abadesa a cargo de cuarenta conventos. Son conocidos como los Cuatro Santos de Cartagena y son patrones de la diócesis de Cartagena. San Isidoro también es hermano de Teodora o Teodosia, reina que fue de la Hispania visigoda por su matrimonio con el rey Leovigildo. San Isidoro y sus hermanos San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina son tíos, por tanto, de los hijos de Leovigildo y Teodora: San Hermenegildo y Recaredo, el rey visigodo que se convirtió al cristianismo católico.
La maestría de San Isidoro en griego y hebreo le dio reputación de ser un estudiante capaz y entusiasta. Su propio latín estaba afectado por las tradiciones locales visigodas y contiene cientos de palabras identificables como localismos hispanos (el editor de su obra en el siglo XVII encontró 1.640 de tales localismos, reconocibles en el español de la época).
En una época de desintegración de la cultura clásica, de violencia e ignorancia entre las clases dominantes, San Isidoro impulsó la asimilación de los visigodos, que ya llevaban dos siglos en Hispania, a fin de conseguir un mayor bienestar, tanto político como espiritual, del reino. Para ello, ayudó a su hermano en la conversión de la casa real visigoda (arrianos) al catolicismo e impulsó el proceso de conversión de los visigodos tras la muerte de su hermano (599). Presidió el segundo Sínodo Provincial de la Bética en Sevilla (noviembre de 618 o 619, durante el reinado de Sisebuto), al que asistieron no sólo prelados peninsulares sino también de zonas tan distantes de Hispania como la hispania norbonense (Narbona pertenecía a la Hispania visigótica) y Galia.
A edad avanzada, también presidió el IV Concilio de Toledo (633), que requirió que todos los obispos estableciesen seminarios y escuelas catedralicias; siguiendo las directrices establecidas por San Isidoro en Sevilla fue prescrito el estudio del griego y el hebreo, y se alentó el interés por el estudio del Derecho y la Medicina.
También marcó la unificación litúrgica de la España visigoda e impulsó la formación cultural del clero. El Concilio fue probablemente un reflejo de las ideas de San Isidoro, pero el Concilio no sólo produjo conclusiones de carácter religioso o eclesiástico, sino también político. El lugar ocupado por el rey y la deferencia a él debida en el Concilio es también destacable: la Iglesia es libre e independiente, pero ligada mediante una solemne lealtad al rey; nada se dice acerca de la lealtad al obispo de Roma. Para muchos autores fue uno de los primeros pensadores en formular la teoría del origen divino del poder regio: “Dios concedió la preeminencia a los príncipes para el gobierno de los pueblos”.
2.3.2. Escolásticos
Desde el Renacimiento se conoce a la Filosofía Medieval con el nombre de "Escolástica". Sin embargo, no es del todo correcto equiparar estos dos términos: la escolástica es el componente principal de la Filosofía Medieval, que ha perdurado a través de los siglos, reverdeciendo en el siglo XX con autores como Maritain y Gilson (neo-escolástica).
Si bien cabría hablar de una "escolástica árabe" y de una "escolástica judía", cuando se utiliza el término "escolástica" se hace referencia, por lo general, a la filosofía desarrollada en el medioevo dentro del ámbito de la cristiandad, particularmente en el Occidente Cristiano. (En Oriente, se desarrolló una filosofía cristiana, no en lengua latina sino en lengua griega, que se conoce como "Filosofía Bizantina".)
La Escolástica se vio movilizada por un doble impulso: el respeto de la autoridad de Dios (representada por la Biblia, la tradición de los Padres de la Iglesia y el Magisterio de la Iglesia) y el ejercicio de la razón. La búsqueda del equilibrio entre ambos y la definición de su mutua relación fue una de las cuestiones de mayor importancia para los filósofos de este período. El objetivo, el ideal al alcanzar, era integrar el saber que los griegos habían obtenido naturalmente, a través de la experiencia y la razón, con el saber recibido sobrenaturalmente por los cristianos a través de la revelación y la fe.
El adjetivo "escolástico" es utilizado a veces en sentido despectivo, para indicar el exceso de atención a las cuestiones formales por sobre las de contenido (la Escolástica prestaba gran atención al método), o para señalar a un espíritu oscurantista, no científico.
El método escolástico, utilizado en las universidades, incluía la lectura de textos (lectio) y la discusión pública de los mismos (disputatio). Todos los profesores universitarios tenían la obligación de presentarse varias veces por año ante una asamblea, compuesta por los demás docentes y los alumnos, con el fin de defender en debate público las afirmaciones centrales de su enseñanza contra todo aquel que quisiera cuestionarlas.
2.3.2.1. San Alberto Magno
Filósofo y teólogo alemán. Acaso descendiente de los condes de Bollstädt, estudió filosofía, matemáticas y medicina en París y Padua, además de cursar teología en Bolonia. Fue profesor en Colonia (donde el Aquinate fue discípulo suyo) y otros lugares. Rector de la Universidad de Colonia (1249), provincial de los dominicos alemanes (1254) y obispo de Ratisbona (1260), renunció al episcopado a los dos años; en 1274 predicó en Alemania y en Bohemia la cruzada de Gregorio X y asistió al Concilio de Lyon.
Sin su aportación enciclopédica (sirviéndose de los filósofos, teólogos, matemáticos y médicos musulmanes y judíos), la síntesis de su discípulo Tomás de Aquino hubiera sido imposible. Distinguió y exigió delimitar los ámbitos de la fe y de la razón, se dedicó a estudios experimentales y fue un gran investigador (sobre todo en química, campo en el que se le deben descubrimientos). Conocido como Doctor universalis, es doctor de la Iglesia y fue canonizado en 1931.
2.3.2.2. Santo Tomás de Aquino
Teólogo y filósofo italiano. Hijo de una de las familias aristócratas más influyentes de la Italia meridional, estudió en Montecassino, en cuyo monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de artes y teología y entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores. En 1243 manifestó su deseo de ingresar en dicha Orden, pero su familia se opuso firmemente, e incluso su madre consiguió el permiso de Federico II para que sus dos hermanos, miembros del ejército imperial, detuvieran a Tomás. Ello ocurrió en Acquapendente en mayo de 1244 y el santo permaneció retenido en el castillo de Santo Giovanni durante un año. Tras una queja de Juan el Teutónico, general de los dominicos, a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto en libertad. Luego, se le permitió trasladarse a París, donde permaneció desde 1245 hasta 1256, fecha en que obtuvo el título de maestro en Teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de Alberto Magno, con quien entabló una duradera amistad. Les unía -además del hecho de pertenecer ambos a la Orden Dominica- una visión abierta y tolerante, aunque no exenta de crítica, del nuevo saber grecoárabe, que por aquellas fechas llegaba masivamente a las universidades y centros de cultura occidentales. Tras doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los dominicos, tarea que compatibilizó con la redacción de sus primeras obras, en las cuales empezó a alejarse de la corriente teológica mayoritaria, derivada de las enseñanzas de San Agustín.
En 1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta 1268 al servicio de la corte pontificia en calidad de instructor y consultor del Papa, a quien acompañaba en sus viajes. Durante estos años redactó varios comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles, finalizó la Suma contra los gentiles, obra en la cual repasaba críticamente las filosofías y teologías presentes a lo largo de la historia, e inició la redacción de su obra capital, la Suma Teológica, en la que estuvo ocupado entre 1267 y 1274 y que representa el compendio último de todo su pensamiento.Tomás de Aquino supo resolver la crisis producida en el pensamiento cristiano por el averroísmo, interpretación del pensamiento aristotélico que resaltaba la independencia del entendimiento guiado por los sentidos y planteaba el problema de la doble verdad, es decir, la contradicción de las verdades del entendimiento y las de la revelación. En oposición a esta tesis, defendida en la Universidad de París por Siger de Brabante, afirmó la necesidad de que ambas fueran compatibles, pues, procediendo de Dios, no podrían entrar en contradicción; ambas verdades debían ser, además, complementarias, de modo que las de orden sobrenatural debían ser conocidas por revelación, mientras que las de orden natural serían accesibles por el entendimiento; filosofía y teología son, por tanto, distintas y complementarias, siendo ambas racionales, pues la teología deduce racionalmente a partir de las premisas reveladas.
A medio camino entre el espiritualismo agustiniano y el naturalismo emergente del averroísmo, defendió un realismo moderado, para el cual los universales (los conceptos abstractos) existen fundamentalmente in re (en las cosas) y sólo formalmente post rem (en el entendimiento). En último término, Tomás de Aquino encontró una vía para conciliar la revalorización del mundo material que se vivía en Occidente con los dogmas del cristianismo, a través de una inteligente y bien trabada interpretación de Aristóteles.
2.3.2.3. Enrique de Frimaria
Enrique de Frimaria (1245-1340) se interesó por el tema de la necesidad, pero a diferencia de Aquino lo analizó como la necesidad común de algo que es escaso, es decir, de forma agregada tal como lo vemos hoy en las teorías macro. Concluyó que si la necesidad determina el valor de algo que es escaso, no hay razón para que el precio de ese bien se eleve cuando hay abundancia.
2.3.2.4. Juan de Buridan
Jean Buridan (Béthune, c. 1300 - 1358), en latín Joannes Buridanus, fue un filósofo escolástico francés y uno de los inspiradores del escepticismo religioso en Europa. Estudió en la Universidad de París bajo la férula del filósofo escolástico Guillermo de Occam. Enseñó filosofía en París y en 1317 llegó a ser rector de la Universidad de esta ciudad.
Destacó en los estudios de lógica y en los comentarios a Aristóteles. Fue defensor del principio de causalidad. Como autor de trabajos teóricos en óptica y mecánica, formuló una noción de inercia intentando explicar el movimiento con la Teoría del ímpetus. Su nombre está frecuentemente asociado al experimento mental conocido como "asno de Buridán".
Como filósofo, Buridan adopta una posición nominalista, pero no parte de un lenguaje humano idealizado, lo que marca una diferencia importante entre su pensamiento y el de su maestro Guillermo de Occam, con quien se le compara a menudo. Bien que ambos adopten la visión según la cual los enunciados, sean hablados, escritos o pensados, son los portadores de la verdad y de la falsedad, Occam, sin embargo, tiende a ver las proposiciones o enunciados pensados como expresando conceptos únicos, canónicos. Por el contrario, Buridan nunca privilegia un discurso conceptual externo a los agentes que lo expresan. Él sostiene, por el contrario, que el significado de las expresiones habladas y escritas se relaciona con conceptos cognitivos o psicológicos del locutor.
Pero su contribución más importante es la introducción del concepto de impetus o movimiento inercial (momento), que le hace precursor directo en este punto de fundamental de Copérnico, Galileo y Newton. El impetus, proporcional a la masa y a la velocidad impartida por el agente del movimiento, mantiene al móvil en su estado de movimiento sin necesidad de acciones ulteriores. Fue precursor también de la teoría de la formación de las imágenes ópticas y de la cinemática o ciencia del movimiento.
2.3.3. Escuela de Salamanca (Escolásticos tardíos ibéricos)
2.3.3.1. Martín de Azpilicueta
Dominico y jurisconsulto nacido en Berásoain, también llamado "Doctor Navarrus". Estudió teología en Alcalá de Henares, en Toulouse y en Cahors. Fue profesor en la Universidad de Salamanca. Analizó las actividades mercantiles y los efectos monetarios que se estaban produciendo en su tiempo por la llegada de metales de América. Precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero, hace notar la diferencia entre la capacidad adquisitiva del dinero en los distintos países según la abundancia o escasez que en ellos hubiera de metales preciosos. Define lo que se llamó la teoría del valor-escasez en los siguientes términos: "Toda mercancía se hace más cara cuando su demanda es más fuerte y su oferta escasea". También hace una de las primeras exposiciones del concepto de la preferencia temporal, es decir, que a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se valoran más que los bienes futuros. Esta idea está en la base del concepto de interés de la Escuela Austriaca que lo considera uno de sus precursores.
2.3.3.2. Tomás de Mercado
Economista de la Escuela de Salamanca y teólogo dominico. Natural de Sevilla, se marchó muy joven a México, donde tomó el hábito de la Orden de Santo Domingo. Estudió allí, llegando a ser Prior del Convento de la capital. Regresó a España para completar sus estudios en Salamanca. Residió algún tiempo en Sevilla, y murió el año 1575 en el mar, de retorno a México.
Su manual de moralidad mercantil, dedicado al Consulado de Mercaderes de Sevilla y publicado en 1569, no sólo constituye un valioso documento descriptivo sino también se puede considerar como uno de los antecedentes teóricos más interesantes y profundos de su tiempo.
En sus escritos describe la teoría cuantitativa del dinero analizando el efecto que estaba teniendo en su tiempo la importación de metales americanos en los precios de España y Europa. Tomás de Mercado es uno de los escolásticos más críticos con la actividad de los banqueros que trafican con los depósitos de sus clientes, señalando que la prudencia no es una virtud suficiente para garantizar la solvencia bancaria por lo que es necesario mantener en todo momento un coeficiente de caja del 100%.
Analiza y describe también la vida comercial y las ferias de Sevilla y Medina del Campo, el tráfico mercantil entre España y las colonias y el sistema de monopolios portuarios. Justifica la existencia y el comercio con esclavos guanches, cuyo monopolio detentaba el puerto de Málaga.

Bibliografía
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•     Trangay Vázquez,  Greta. Historia del Pensamiento Económico. Morelia, Michoacán: UMSNH. 2005.
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