miércoles, 8 de febrero de 2012

LAS ÉLITES POLÍTICAS


LAS ÉLITES POLÍTICAS.
9.1 Élites políticas y poder.
El concepto de estructura del poder político en la sociedad se vincula a la
distribución efectiva del poder entre los diferentes grupos sociales. El análisis
que se emplea es distinto al que se refiere al ejercicio del poder por parte de las
instituciones del Estado. Este puede conocerse mediante el examen jurídicoconstitucional,
que nos muestra las facultades atribuidas a cada órgano; en
cambio, la estructura real del poder en la sociedad, exige constatar los distintos
grados en que participan los grupos sociales particulares, del poder y de la
configuración resultante de dicha distribución.58
9.2 Definición e identificación de las élites políticas.
Parte del hecho de que en toda sociedad existe una minoría que gobierna
y una mayoría que es gobernada. La primera cumple todas las funciones
políticas, monopoliza el poder y disfruta de las ventajas que éste confiere,
mientras que la segunda, es gobernada y controlada por la primera, de modo
más o menos legal. Esta configuración aparece prácticamente en todas las
sociedades como fruto de una tendencia aristocrática que se da en cualquier
colectividad organizada. La élite dirigente se mantiene incorporando a sus filas
a nuevos miembros, generalmente los más activos y destacados de entre las
masas gobernadas.
La teoría de las élites del poder, supone que a partir de su posición en la
estratificación social, los grupos colocados en los estratos superiores en función
de diversos criterios como pueden ser la fuerza coactiva de que disponen, la
riqueza, el poder político formal, la educación, etc. Se cohesionan de manera tal
que sus intereses se identifican y se refuerzan los unos a los otros, de modo
que, en términos generales, lo que conviene a una parte de la élite así
Apuntes de Ciencia Política. Autor: Lic. Yuri Cerda Mendoza.
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integrada, conviene también al resto y ello le permite imponer las decisiones
que le resultan favorables, al resto de la colectividad.
Otros elementos importantes de la teoría de la élite se refiere a su
capacidad para imponer su sistema de valores a la colectividad, a la cual
domina, empleando para ello diversos medios de persuasión que mantienen a
las masas convencidas de que el orden existente es el mejor posible.
9.3 El perfil de las élites políticas en las democracias.
Nadie quisiera que gobernaran los peores. Todos quisieramos que
gobernaran los mejores. Las democracias necesitan de minorías selectas. La
actividad del gobierno como cualquier otra actividad, requiere una pericia
especial, una vocación peculiar. También a los gobernantes hay que juzgarlos a
la altura de su tarea. El menosprecio de las élites, dirigido y alentado por
encumbrados resentidos, trae como consecuencia la paralización colectiva, la
ruina moral.
Mal andaría la vida política en la democracia si no hubiere empeño ni
acierto en la selección de personas valiosas para los cargos de responsabilidad.
Los cargos públicos no son patrimonio de ninguna casta o clase social.59
9.4 La profesión política.
En potencia, todos los ciudadanos están en estado y en su derecho de
llegar a ocupar los más altos puestos de autoridad en el Estado, siempre que
sean elegidos por el pueblo o designados por los gobernantes de acuerdo con
la Constitución. Esto significa que, en las democracias, las élites son abiertas,
es claro que la índole de los puestos públicos condiciona el tipo de hombre que
se requiere, en otras palabras, en ves de andar buscando puestos para las
personas, es menester que busquemos personas para los puestos.
58 Andrade Sánchez, eduardo, op. cit. P.p. 66 y 67.
59 Basave, fernández del Valle, opus cit. Pp.164-167.
Apuntes de Ciencia Política. Autor: Lic. Yuri Cerda Mendoza.
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La historia muestra que los mejores momentos de los pueblos, coinciden
con el encumbramiento en el poder, de hombres que supieron imprimir
derroteros favorables a la vida social y política.
En la actualidad se ha agudizado la necesidad de minorías selectas.
Vivimos en tiempos de una irritante mediocridad colectiva. Una demagogia
democratera ha tratado de llevar su huella hasta los problemas de la ciencia,
del arte y de la cultura. Pero fomentar la cultura no es tarea de la masa amorfa;
es quehacer de individualidades selectas. Y cuando no es así, los resultados no
se hacen esperar: estancamiento de la vida nacional, confusión, desgobierno.
Los planes de gobierno, el bien común, exigen grupos directivos bien
formados, competentes, cultos, experimentados. La ética y la técnica
gubernamentales no pueden abandonarse al juego instintivo de aventureros y
de connotados profesionales de la rapiña. La justicia distributiva exige una
equitativa distribución de cargos públicos entre los miembros de una sociedad.
La diferenciación de funciones implica diferenciación de situaciones personales.
A cada quien según sus méritos. Ya Aristóteles advertía que hay que tratar a los
iguales como iguales y a los desiguales como desiguales.60
Las democracias necesitan buenos gobernantes; y los gobernantes
hay que hacerlos, formarlos, sin esperar a que surjan y afloren por generación
espontánea. No basta la disposición natural, se requiere la indispensable
preparación académica, la insustituible experiencia, la serenidad de criterio, la
discreción y el desprendimiento, la sana moral y el espíritu de servicio. La
función política exige vocación definida y probada, facultades, estudio,
especialización profesional.
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